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Recorrido por los daños de la muralla

Su plan director, accesible ya para todos, pone de manifiesto que hay actuaciones “muy urgentes” y que requieren obras inmediatas

La muralla de Cáceres “está distendida” y su estado “es muy deficiente”, haciéndose necesario “conservar, mantener y poner en valor este Bien de Interés Cultural”. Estos aspectos, como también el hecho de que hay situaciones “cuya solución no admite demora”, son algunas de las realidades expuestas en su Plan Director, ‘macrodocumento’ que recoge el estado y las actuaciones necesarias en la muralla, y que es ya totalmente accesible para cualquiera, pues toda su información se ha volcado en la página del Servicio de Información Geográfica (SIG) del Ayuntamiento para que pueda ser consultada y descargada de forma fácil.

Y es que dicho Plan Director, elaborado por la Junta de Extremadura y que recoge todas las actuaciones que hay que acometer en la muralla cacereña a medio y largo plazo, está compuesto por miles de archivos, que ocupan un espacio de 21 gigas, y que la Junta tiene en su página web, pero de una forma unitaria, “lo que hace difícil su navegación y comprensión”, indicaban los técnicos del SIG Luis Antonio Álvarez y Faustino Cordero. Por ello, matizaban, lo que se ha hecho ahora, en colaboración con el Consorcio Cáceres Ciudad Histórica, es reordenar su contenido, dividiendo el Plan en cinco grandes bloques (estudios previos, antecedentes jurídicos, propuestas de actuación, propuestas de actuación urbanística y estudio patológico integral), de manera que pueda ser consultado fácilmente.

Volviendo al contenido en sí del Plan Director de la Muralla, restos de la fortificación almohade cuya existencia fue una de las razones que promovieron la declaración de Cáceres, en 1986, como Patrimonio de la Humanidad, recuerda el arquitecto Miguel Matas Cascos en el ‘Estudio Patológico Integral de las Murallas de Cáceres’, destacar que en él se pone de manifiesto que han transcurrido 22 años “y lo que es un potencial patrimonial muy importante sigue siendo lo que era entonces, restos arqueológicos de una fortificación construida en el tiempo con la aportación de varias culturas, pero con una diferencia, que su mantenimiento y conservación no se hace salvo cuando se producen situaciones de emergencia”.

Por ello, el objeto del estudio, se añade, es comprobar la situación en que se encuentra, detallar “los dolores que la aquejan” y proponer las actuaciones que deberían realizarse para su puesta en valor, detallándose, en este punto, las que deberían acometerse “ya mismo” para solucionar patologías muy importantes, las urgentes, y las menos urgentes, pero también necesarias.

Actuaciones urgentes
Como urgentes, y entre otras, se citan ‘acciones de reparación de patologías” en el Arco de la Estrella, “pues existe una grieta importante en el intradós, que según parece se produjo a causa del terremoto de Lisboa de 1755, sin más consecuencias”, pero cuya inspección y seguimiento “se hace conveniente porque pudiera haber evolucionado”.

Urgentes se consideran también actuaciones en varias torres, como la de la Yerba, con grietas en el interior de la cámara y en la merlatura sur “que ‘trocean’ los merlones y pueden conducir a su desmoronamiento”, y “abombamientos” en las telas; en la del Horno (reparaciones de la grieta que “secciona” las caras norte y oeste de su cámara, de los desperfectos en los dinteles de los huecos de la cámara en su cara oeste y de la tela sur de espigón y torre); en la del Postigo de Santa Ana (erosiones y disgregación del material existente en las telas norte y oeste, y deterioro en el suelo de la terraza por enraizado); y en Torremochada, donde el deterioro de la impermeabilidad de la terraza “provoca importantes humedades que se filtran entre el material nuevo y el antiguo, y en el encuentro del espigón con la torre, que de seguir evolucionando puede afectar a la estabilidad”.

Del Conjunto de los Pozos se expone que el relleno del baluarte “viene generando desde hace mucho tiempo problemas de empujes y humedades sobre el espigón de los Aljibes y el muro sur del baluarte”; que los desplomes, la disgregación del material y pérdida de restos arqueológicos “requieren del vaciado del mismo lo antes posible”; y que son necesarias prospecciones arqueológicas que contribuyan al conocimiento de la historia de esta pieza de la fortificación. En cuanto al Lienzo de Hornos-Postigo de Santa Ana, “es urgente la reparación” del canal interior existente en la tela, “que se observa desde intramuros y amenaza con arruinar esa parte del lienzo”; en el de Postigo Santa Ana-Redonda, obras de conservación, limpieza y consolidación del adarve, pretil y restos de merlatura; y en el Cubo de la Calle del Padre Rosalio “se requieren obras de restauración” en los restos del pretil, la merlatura y la terraza.

Otras urgencias que se detallan son las de la tela intramuros del lienzo Púlpitos – Yerba, “que está indecorosa”; y del lienzo extramuros del olivar de la Judería, “que es otro catálogo de despropósitos, con bajantes y canalones que descuelgan por la tela, remiendos, terrazas cerradas con aluminio…”. Se expone, asimismo, que de las 1.124 patologías detectadas en la muralla cacereña, “hay muchas que derivarán a corto plazo en desprendimientos de trozos de material, humectación de los paramentos, avances de la disgregación y meteorización del material original …”, por lo que se advierte que “hay que arreglarlas cuanto antes, pues si no el daño se ampliará cada vez más”.

No obstante, se recoge también la consideración de que si la relación de obras urgentes se amplía demasiado, “es probable que no se haga nada”, por el que se expone que lo mejor sería “ser conscientes de que en la muralla hay que invertir bastante dinero, aunque solo sea para reparar los desperfectos”. También, que aunque “las acciones puntuales son muy loables”, para que sean efectivas a medio plazo tienen que tener una continuidad “que realmente no existe”; y que por ello hay que tener muy en cuenta que la muralla “necesita una liberación de presupuesto en exclusiva, no unos fondos que han sobrado de otras cosas”, y que debe ser “una preocupación preferente del Ayuntamiento y de la Consejería”.

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