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Plagius magnificus

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Cánovers /
Conrado Gómez

Recuerdo sin demasiada precisión una columna referida a las diferencias que existían entre lo original y la copia. Sin tirar de hemeroteca, me viene a la cabeza que hablaba de que lo auténtico viene con alma y la imitación es una suerte de espectro que campa por el purgatorio. En todo esto tiene mucho que ver el valor de las marcas, aquello que recoge los atributos inefables más allá de las características técnicas de un producto, de un servicio, o de un festival, como es el caso que nos ocupa.

La gran duda que nos surge es si compensa perseguir las imitaciones u obviarlas y tomárselo como una especie de homenaje o tributo. ¿Pero qué ocurre cuando provocan un perjuicio a la marca original? ¿Qué sucede cuando lesiona el posicionamiento de un proyecto originando confusión entre los usuarios? Es el caso de la fiesta “Horteguiri” que ha lanzado el ayuntamiento de Navalmoral de la Mata y los 40 Principales durante las ferias de San Miguel. Es cierto, no es exactamente igual. Aunque la raíz es la misma, el sufijo apela a la nomenclatura que le damos a los extranjeros que vienen a España. Habrá quien piense que el hecho de que la fiesta premie a los que vayan más horteras con el premio “Riñonera de Oro” también es pura casualidad. Y, si me apuran, que los carteles empleados para difundir la fiesta tengan tipografías casi idéntidas es también fruto del azar. Pero si sumas todas esas casualidades el resultado es burdo.

Debemos proteger las ideas, pues de lo contrario la creatividad no tendrá ninguna recompensa y buscaremos imitar los procesos en lugar de innovar. El riesgo permite que prosperen proyectos que traen bienestar a la región. Horteralia es una marca registrada que lleva celebrando su festival desde 2010 en Cáceres y desde este pasado año en Matalascañas (Huelva). Detrás de esta iniciativa trabajan numerosas empresas y profesionales. Muchas horas de reuniones, de producción y de preparativos, que han convertido esta cita en una de la que más público atrae a Cáceres y la que tiene mayor repercusión en medios nacionales. Y se ha hecho cuidando mucho el continente y el contenido. Demasiado mimo para que a alguien se le ocurra la brillante idea de que puede hacer algo sospechosamente parecido —copiando marca y formato— sin pensar en las consecuencias y ahorrándose años de desarrollo.

Los laboratorios farmacéuticos protegen sus patentes con un contrato blindado. Es una forma de recuperar la inversión en el desarrollo de medicamentos. Horteralia también es un formato registrado en la OEPM (Organización Española de Patentes y Marcas) y debemos ser fieles a nuestra forma de entender el mundo, que es respetar la propiedad intelectual y el derecho a crear sin que la impunidad ampare al plagiador.

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