Desde mi ventana
Carmen Heras

Cuando mi padre murió, la casa familiar siguió la vida. Con su ausencia, si, pero continuó por mi madre; quizá porque cuatro años antes mi padre había desconectado de la realidad, en anuncio claro de lo qué habría de venir. Pasados un poco más de dos años falleció mi madre y entonces si que se deshizo el hogar. Tocó, en medio de una tristeza profunda, abrir los armarios y repasar documentos y vivencias. En el fondo de uno de los cajones apareció una cartera de piel roja, oscurecida por los años. Contenía algunas fotos y papeles doblados con anotaciones. Allí encontré un escapulario religioso con la frase “Detente, el Sagrado Corazón de Jesús está conmigo”. Procedía de la época de la guerra civil en España, y mirándolo no me fue difícil entender el profundo temor que la misma infundió a tantos y tantos muchachos obligados a pelear sin saber muy bien el por qué. Siempre he pensado que un cierto sentido estoico mantiene la resistencia de lo humano, al igual que el pesimismo activo, cuando se trata de deambular por la vida. Aún considerándome una persona racional se qué hay situaciones que no obedecen a un desarrollo lógico de los hechos tal como podría esperarse de ellos.

El estoicismo les ayuda en los momentos duros para no salir corriendo y desaparecer

En esos momentos, los rasgos del estoico le permiten organizarse mentalmente para no desfallecer. La creencia de que el penar es inevitable, de que a todos les toca una porción del mismo porque de los problemas nadie se escapa, permite una cierta dureza en los reflejos y en las meditaciones personales. Ayudando a no caer. Con el pesimismo activo sucede algo similar. Yo llamo pesimista activo al que se ve impelido a reaccionar. Bien utilizado, exige moverse buscando una solución, algo que no ocurre con el optimista nato, quien creyendo que todo está bien no puede ejercer algún gesto que signifique avance o innovación. Por el contrario el pesimista sabe que debe intentar confianza, fundamentalmente en sí mismo, para salir de una situación que no le gusta, y hasta lo deprime (coloquialmente hablando). ¿Es egoísta el pesimismo? Pues supongo que depende, pero yo no reconozco como tales a los pesimistas del mundo. Gobiernan su casa y su hacienda sabiendo que la fuerza constructora depende en un 90% de su propio espíritu de avance y de su confianza en el posible progreso del mundo. Y el estoicismo les ayuda en los momentos duros para no salir corriendo y desaparecer


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