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Una de las últimas decisiones del pleno del ayuntamiento de Cáceres ha sido fomentar las peatonalizaciones temporales de algunas vías cacereñas abiertas normalmente al tráfico. La medida, más allá de provocar un inmediato aumento de tránsito, busca perfilar lo que sería una ciudad con menos tráfico rodado. Las licencias tendrán carácter eventual asociadas a cierto tipo de eventos que requieran el corte. La peatonalización es algo así como empoderar a las personas frente a las máquinas. Las ciudades con más peatones que vehículos suelen tener más calidad de vida. Se preguntarán por qué. Las ciudades deben recuperar su centro neurálgico sin entorpecer el desplazamiento mecánico y eso pasa por tomar decisiones como la de abrir un parking en el centro de la ciudad. Voces discordantes siempre habrá sobre la idoneidad de habilitar una infraestructura así, pero no olviden que las inversiones que realmente transforman las ciudades son aquellas que cambian su morfología. Y Cáceres adolece de este tipo de inversiones. De las que dejan poso. Las que permiten cambiar la perspectiva de uso.

Después de la peatonalización de la calle San Pedro de Alcántara la ciudad respira de otra forma. Una de las arterias comerciales de Cáceres parece dar síntomas de recuperación comercial con la apertura de nuevos negocios. Lo mismo debería ocurrir con la calle Pizarro, otra vena llena de vida y ocio. Y no piensen que ahí debería acabarse la cosa. Deberíamos peatonalizar sin miedo —con cabeza, por supuesto— teniendo en cuenta que las distancias en esta ciudad pueden cubrirse a pie.

La peatonalización temporal de calles puede ser el primer paso para cambiar la mentalidad de los que piensan que los cortes son un atraso. Tenemos la obligación de pensar Cáceres a medio plazo, y para ello es fundamental empezar a construir un entorno donde prevalezca el peatón por encima del coche. Un entorno donde aparquemos los coches y podamos disfrutar del centro y la Ciudad Medieval a pie. Una ciudad donde potenciemos las zonas de ocio, de cultura, de historia, una joya monumental que recupere el lugar que le corresponde en Europa y España y que nunca ha ocupado por una carente planificación turística. No podemos conformarnos con recoger el turismo nacional que acabe recalando aquí por propia inercia. Debemos adelantarnos a las tendencias del mercado y diseñar una ciudad con contenido y recorrido, donde quedarse a dormir no sea una opción, sino una obligación.

Y quizás todo empiece por peatonalizar algunas calles eventualmente. Quién sabe si son esos pequeños gestos los que acaban modificando algunas pétreas mentalidades.


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