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Cotidiario /
HERNÁN PACHECO PUIG

Somos seres sin memoria. Lo que apenas rescatamos arrugado de las circunvoluciones no es sino un canto a la esperanza injusto y optimista pues así actuamos sin querer o poder evitarlo. También somos la maldad y la envidia, la suma de nuestras incompatibilidades, de nuestras inseguridades que pretendemos cercenar en los otros para no sentirnos tan mal frente al espejo. Los hay que critican lo que no alcanzan y nada saben de lo mal que quedan ante quienes precisamente saben que no llega. Sin embargo hay demasiados oídos para tan pocas bocas y así se  cuelan pensamientos absurdos, burdos, no contrastados, asumidos sin razón o en ausencia de ella. Así un esclavo defiende la esclavitud, un empresario habla añorante de siervos de la gleba y un ministro gordo mete la pata sin saber siquiera que su cargo viene de la palabra latina minister, sirviente, de su raíz minus, menos, menor, miniatura, minúsculo, hasta por breve, minuto, que en tan mala lid es coherente con tanta estulticia. La vida es tan extraña que ese lelo gordo, dice recatar su superioridad intelectual, ante una opositora socialista que se ha declarado fan del Ché Guevara, de Jesucristo y de Felipe González, así, en la misma frase. No le hace falta tampoco saber el significado del término minus, pero sí sin embargo parecen saber que el resto de los mortales somos aún más imbéciles y así nos tratan, claro. Yo, que carezco de ideología y de fe, solo puedo descansar en los pensamientos que mi razón o mi sentido más justo me permiten sin que sienta demasiada vergüenza de mí mismo y así he de leer y pensar continuamente sobre todo y no en un minuto, precisamente, sino muy al contrario y en su contrario, acudo al magis (más, mayor) y su magisterio, y así descubro que, aún me quedan demasiados libros por leer, que todos esos pastores incultos, gordos o mesiánicos absurdos, él o ella tanto da, acaben exterminando con su reunión a la totalidad de las ovejas, ganado que por otro lado no es suyo, perdidos que estamos todos. Votad en conciencia y no por afinidad, pues nadie hay afinado y finados; muchos, demasiados.


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