Reflexiones de un tenor
Alonso Torres

No tenía pensado ir, soy bastante prejuicioso, bueno, soy, en algunas cuestiones, mú esspañó, así que pensaba dejar a la peña “wuay” que disfrutase del concierto (y es que a mí el flamenquitooo, el flamenquito no me va) e irme con Bromfield a Ranchipur, que han llegado las lluvias y el dique se ha desmoronado (malos materiales de un constructor cabrón), y ahora empieza el hundimiento de algunos de los protagonistas del libro y la redención de otros (jijiji), pero el hombre propone y Dios dispone, y al llamamiento de, “venga, ven, que te presento a…”, acabé en el Psycho-Pom! (Psicopompo, Librería-Cáfé) disfrutando de El Jose, que es un grupo musical algo canalla y muy enrollao (“han disparado al corazón”, dijo la Bruja.Pájaro al término de la actuación) de Granada.

Ese arrime al poder establecido me asquea, y por esto, y por lo musical, no me gusta Joaquín Sabina

Uno de los allí presentes, colega mío de toda la vida, dijo, antes del inicio de la actuación, que el tío iba muy a lo Sabina (había por allí un bombín de esos que utiliza el listo de Úbeda; “puuufff! –pensé- flamenquito y Sabina, me la han metío”), afortunadamente no fue así, rocanrolillo, medios-tiempos y Javier Krahe (ah!, y disparos al corazón). Manifesté que el Sabina no me mola ni me moló nunca, y a coro manifestaron, “tú siempre tan prejuicioso”. “Ya -les dije-, pero con argumento”, y ahí va el argumento.

A Krahe lo escuchaba el hermano mayor de uno de mis amigos, y nosotros, los pequeños, escuchábamos lo mismo para hacernos los enteraos y los políticos (en ese mismo chalé, en la calle Maluquer, había muchas chicas, y para hacernos los enteraos, y los enamoraos, escuchábamos en el tocadiscos a Pablo -Milanés-), y cuando el listillo (se le adivinan las trazas y las mañas desde lejos, “se le ve el cartón”) se juntó con él, con Krahe, y con Alberto Pérez para hacer un disco llamado La Mandrágora, le hicimos una cruz y una raya (de las que se jactaba él de meterse), y si habíamos escuchado al jienense alguna vez, juramos no hacerlo jamás. Es de rima fácil (consonante, a lo sumo, asonante) y poeta del amor canalla (¡qué peste, por favor!, éste, como Aristóteles o el Arcipreste de Híta, lo que quiere es follar, pero se le ve a la legua, y el sexo, como escribió Pedro Juan Gutiérrez en Trilogía Sucia De La Habana, “debe ser privado y sucio”), y como a mí Vasari (uno de los primeros historiadores del arte) me la pone, y él le daba tanta importancia a la vida del artista como a su obra, pues eso, que el Sabina iba a La Bodeguilla (Felipe González) a jugar al billar, luego estuvo con los de la ceja (Zapatero) dando conciertos a tutiplén, y ahora invita a cenar en su casa a Letizia y al Preparao (peste de reyes que ni se van ni se les echa); ustedes dirán, pero ese arrime al poder establecido me asquea, y por esto, y por lo musical, no me gusta Joaquín Sabina.


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