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Mis poetas

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Reflexiones de un tenor /
Alonso Torres

“Warlock”, homenaje a Hall; los hombres son como el maíz, el sol los quema, la lluvia los empapa, el invierno los azota y la caballería los pisotea, pero a pesar de todo continúan creciendo, y nada de esto importa mientras haya un poco de whisky cerca, hoy es un buen día porque puedo brindar por ti (allá donde estés). Me siento agotado tras una violenta purga, despojado de una parte de mi hombría, de mi humanidad. Estoy avergonzado por el hecho de ser hombre. Fue una ejecución, no hubo indulto, no se alzó el pulgar, no hubo purificación, sólo náusea. Los hombres son como el maíz… “El sueño”, homenaje a George Trakl; ¡malditos venenos oscuros de este extraño jardín con árboles en penumbra, lleno de sierpes, mariposas de noche de juegos oscuros, y lujuria! ¡Extranjero, tu perdida sombra, en el crepúsculo, es un tétrico corsario en el salado mar del desconsuelo! En las fronteras de la noche vuelan pájaros blancos sobre ruinosas ciudades de acero… “Himnos espirituales”, homenaje a Novalis; yo vivo cada día lleno de fe y valor, y muero cada noche en tu copa de oro. Soy miles de corazones velando fielmente sobre ti. Se licuan las estrellas, son el vino dorado de la vida, y nosotros beberemos ese vino porque uno solo y eterno es el poema. Más de un hombre murió de amor, de sed ardiente. ¿Pero qué hubiera sido de mi vida sin ti?, devorado por la barbarie y solitario, mis días serían noches. Me acercaría a la demencia sin otra recompensa, en las turbias horas inquietas, que ver estaciones ya pasadas… “De vuelta del mar”, homenaje a R. L. Stevenson; así navego, borracho bajo el inmenso y estrellado cielo. Cavad mi fosa y dejadme yacer. Alegre he vivido y alegre muero, pero al caer quiero haceros un ruego, que pongáis sobre mi tumba este verso, <<aquí yace donde quiso yacer, de vuelta del mar está el marinero>>… “Rubaiyat”, homenaje a O. Khayyam; se ignora lo que nos reserva el mañana. Que nuestro tesoro sea el vino y nuestros palacios las tabernas. Sé que no tengo poder sobre el destino y que fugaces son mis días. Quiero olvidar en la embriaguez el dolor de mi ignorancia. El uno es la primera cifra de un número que nunca acaba, soy uno en la tierra, en el polvo de las estrellas, y en tu corazón. La sonrisa ligera, las almendras dulces, un jardín, un cántaro, una gacela, los laúdes, los amantes, la noche, el infierno, el paraíso, un poco de pan, todo esto es lo hermoso, ¡y poco más! Sé que cuando bebo escucho lo que no puede decirme mi bienamada. Me incendio como la sangre de una doncella para ser mar profundo… “Poema del fin”, homenaje a Marina Tsvetáyeva; la vida se te agolpa, horror de las palabras que esperamos. El amor no es sagrario, es llaga, cadalso de los excesos. En tu corazón ponme como anillo, en la ceniza y en el canto, soy tu himno. Y todo esto, con música de Shostakovich…

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