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EMILIO LUNA

1000 programas de Días de cine

Mitad sueño, mitad ficción. Todos los retos, aspiraciones y anhelos de un servidor se han condensado cada noche del jueves –o cuando el cada vez más extenso prime time concedía una tregua— en el segundo canal de televisión española. Eran las horas de Días de cine (1991-), un magacín de 120 minutos de un nivel de detalle pocas veces visto con envoltorio audiovisual. Allí, un veterano de pelo ensortijado, nariz respingona y una clarividencia –y ocurrencia— inspiradora, comandaba un programa que invitaba a ir al cine, pasear por la alfombra de un festival o una entrega de premios, comprar un VHS-DVD-Bluray o, simplemente, abrir un libro y empaparse de este noble arte de sueños y aventuras. Hablo de Antonio Gasset, ahora semiretirado –en realidad es sin el semi, pero me resisto a ello— y que descansa –como el guerrero que es— paseando por la orilla del Spree en la capital alemana. El fue una de las piezas capitales de un espacio que esta semana cumplía su millar de emisiones. ¡1.000! Pocos pueden decir eso. El inmortal Jordi Hurtado a lo sumo. En un mundo de rentabilidad cronométrica, aún queda hueco para la alta artesanía. Y no es una percepción subjetiva. Simplemente, echen un vistazo a las composiciones y montajes narrados por Raúl Alda o meticuloso desempeño de Gerardo Sánchez en la dirección. Pura Historia televisiva. Días de cine se fue, volvió y se recicló; sigue y seguirá con vida. Aquí no importa el share, ni los cíclicos coroneles de la burocracia. Es todo sueño, todo ficción. Hasta septiembre amigos. Muchas gracias.


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