Dudas de papel
Goyo Tovar

La sociedad volátil en noticias, aún permite que escribamos los jueves para ser leídos los lunes; ello no implica que las dudas se difuminen, pues todos los días tenemos muestras fieles de cómo trata la minería o el asentamiento humano al paraje natural. Basta con ver cualquier programa de ‘La Fiebre del oro’ o de ‘Mi familia vive en Alaska’.

Nos reímos -se ríen- de muchos de los principios y planteamientos de la ciencia ecológica; incluso de aquellos que ya son constitutivos de leyes de obligado cumplimiento, como son las normas que regulan el uso del suelo de los términos municipales. Si somos aún cojitrancos en la obediencia, cuánto más al contumaz anhelo ecologista.

Afectados por un sentimiento noble, muchos cacereños instan a que se declare la solana de la Sierra de la Mosca como “parque de conservación y ocio”; ignoro si existe tal figura y en tal caso, nos podemos encontrar con el derecho indiscutible de los promotores de la mina que se mantengan los tipos de suelos que les conviene. También me entero que la empresa minera pide formalmente al ayuntamiento que modifique el Plan General Municipal para permitir la actividad extractiva en el paraje. El conflicto está entonces definido. Ah!, en mi saco de dudas tengo lo del subsuelo.

Si somos aún cojitrancos en la obediencia, cuánto más al contumaz anhelo ecologista

Son duros y complejos los condicionantes ecourbanísticos tanto a la hora de definir los tipos de suelo como en el acertar en la previsión de futuras alteraciones atendiendo a necesidades que no existían en definición primigenia. Reajustar también es desajustar.

Que la mayoría de los representantes municipales se hayan definido tan pronto en contra de la mina, me puede hacer sospechar que más que una pasión les guía una interpretación administrativa; en tal caso, la acusación de oscurantismo me parece inapropiada y ñoña. Así pues, habrá que seguir esperando otros informes, tendremos que entender que los mineros reivindicarán su negocio, no nos debe extrañar que los manifestantes del primer sábado de febrero crezcan en número y que los argumentos de todas las partes se afilen y enriquezcan.

Por lo poco que atisbo, todo apunta a que serán los tribunales quienes solventen el apuro y que serán los abogados quienes encuentren otra mina y que yo seguiré con la duda de si los ciudadanos han leído alguna vez el PGM y si el litio suaviza el nivel de desempleo.


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