Con ánimo de discrepar
Víctor Casco

Durante la Transición, muerto el dictador pero aún no aprobada la Constitución, en Vitoria, varios trabajadores fueron asesinados durante una manifestación por disparos de la policía política. Fue una masacre, que ningún juzgado quiso entonces investigar. Las fuerzas represivas del régimen seguían actuando con su habitual brutalidad. Hasta hacía unos meses, Billy el Niño torturaba en los sótanos del actual edificio que alberga al gobierno autonómico de Madrid y el TOP, Tribunal de Orden Público, todavía seguía sentenciando. La Ley de Peligrosidad Social – la que había conducido a la cárcel o a las infames terapias de electrochoque a los “invertidos” – estaba plenamente vigente.

El responsable directo del asesinato de aquellos trabajadores fue el falangista Martín Villa, y su jefe político más directo era un tal Manuel Fraga. Los dos limpiaron la sangre derramada merced a la Ley de Amnistía, y su imagen vendiéndose como “demócratas” una vez que la monarquía parlamentaria sustituyó al régimen de Franco. Villa ha disfrutado 40 años de impunidad, hasta que una jueza en Argentina admitió la denuncia presentada por los familiares de los obreros asesinados y dictó una Orden de Captura contra el ¿ex?-falangista. Los jueces españoles han mirado a otro lado, pero en Argentina se ha querido buscar justicia y reparación. No en vano, este país sí juzgó y condenó a los responsables de los asesinatos durante la dictadura de Varela.

Martín Villa no puede salir de España porque sería arrestado, pero aquí está protegido por los tribunales y por el gobierno. Incluso, en un acto vergonzante, este pasado miércoles ha sido condecorado por el actual monarca en el Congreso por su “papel” en la transición. Las víctimas del franquismo no han merecido ninguna reparación ni acto de homenaje en el Congreso. Los criminales de la dictadura, sí. Terrible.


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