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Los menores y la música

Si te viera Schopenhauer /
Sergio Martínez

Los menores ya pueden ir a conciertos en Extremadura. Una propuesta de Ley de Podemos, aprobada la semana pasada en la Asamblea, va a modificar un artículo de la Ley de Convivencia y Ocio que prohibía a los menores extremeños asistir a conciertos en locales donde se sirvieran bebidas alcohólicas.

El sentido común ha reinado esta vez en el parlamento extremeño y los cuatro partidos han votado a favor de esta modificación. La verdad es que era un absurdo usurpar a los jóvenes extremeños de una actividad cultural tan enriquecedora como es la música.

La modificación implica que, a partir de ahora, se va a permitir el acceso de los menores de 16 años a los espectáculos musicales acompañados de sus padres. Y también ¡que puedan entrar solos los menores de entre 16 y 18 años, ya que incluso en muchas ocasiones se ha dado el caso de que esos mismos menores eran los artistas de esos espectáculos.

Llevo organizando festivales siete años y siempre me ha parecido un error que los menores no pudieran asistir a conciertos acompañados de un adulto que se hiciera responsable de ellos. Por eso durante este tiempo siempre hemos buscado la posibilidad de que los niños pudieran asistir. Además, creo que ver a familias enteras disfrutando de un concierto de rock, pop, heavy, rap o cualquier estilo de música es una experiencia muy bonita. La música no debe separar generaciones sino unirlas.

En la última edición del Mayorga Rock tuvimos la suerte de contar con ‘Los Ramoninos’, un grupo de rock de Navalmoral integrado por niños y niñas de entre 8 y 13 años. Sin duda, fue uno de los mejores momentos del festival. Versiones de AC-DC o Ilegales cantadas por unos niños para adultos y pequeños. Sin duda, esa mañana todo lo que se desprendió en el escenario de Torre de Lucía fue amor por la música. Quitar de esa experiencia a los jóvenes en formación ha sido un error estrepitoso que han cometido nuestros representante políticos estos últimos años. Por su ignorancia y poca flexibilidad han oscurecido de experiencias musicales a toda una generación. Más vale tarde que nunca.

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