Lunes de papel
Emilia Guijarro

Nunca le dieron un premio Nobel, y lo merecía tanto o más que ningún otro científico, porque su forma de vivir y de investigar es una actividad increíble en si misma. Ha muerto la semana pasada un científico, que ha descubierto aspectos del universo que hoy día siguen siendo un misterio para la ciencia, pero que ha divulgado de manera sencilla. Hoy mucha gente habla de los agujeros negros como la cosa más natural del mundo, gracias a la divulgación que Stephen Hawking hizo de ellos.

Nos ha dejado un científico con una mente brillante, que limitado por su enfermedad, no se rindió nunca y siguió investigando en el campo de la física, porque la ciencia era su arma para luchar contra la enfermedad. La ciencia, la mente activa y el sentido del humor han sido los recursos utilizados, para sobrevivir a una enfermedad como la ELA.

A los veintiún años aparecieron en su cuerpo los primeros síntomas, que hasta su muerte le fueron paralizando poco a poco hasta dejarle sin ningún movimiento voluntario. Y en esas condiciones, tuvo una vida plena, se casó dos veces y tuvo tres hijos. Todo ello fue posible porque pudo comunicarse, porque pudo hablar, lo verdaderamente maravilloso no fue todo lo que he contado anteriormente, sino el talento del lenguaje.

Sin el talento de la palabra, hubiera sido uno de las muchas personas que pueblan el universo

Nunca hubiéramos conocido su maravillosa mente sin la posibilidad de comunicarse, con el leve movimiento voluntario de su mejilla sobre un ordenador con el que transformaba en palabras su pensamiento por medio de un sintetizador de voz.

Sin esa posibilidad de lentísima comunicacion Stephen Hawking se hubiera hundido en una regresión espiritual, hasta el infierno de la nada, del no ser. Sin la posibilidad de la palabra, sin el talento de la palabra, hubiera sido uno de las muchas personas que pueblan el universo sin poder expresar sentimientos, necesidades, deseos, razonamientos, en el vacío más absoluto.

Esa es la gran lección de Stephen Hawking saber vencer la incomunicación para seguir viviendo, para seguir investigando, para seguir soñando con ese Premio Nobel que nunca consiguió. Esa fue su lección de vida.

Sobre el autor del libro de ciencia más vendido de la historia, “Breve historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros”, Un colaborador suyo ha dicho: “Es un momento para celebrar su vida, y como científicos estamos muy agradecidos de que pudo sobrevivir a esta enfermedad y contar con una claridad intelectual, brillante, y que pudo hacer física por mucho tiempo”.


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