Con ánimo de discrepar
Víctor Casco

Pudiera uno pensar que los españoles se revolverían todos los días ante las noticias que nos dibujan un gobierno de ladrones y corruptos. No es así.

Y si somos incapaces de reaccionar ante el latrocinio que perpetran delante de nuestros ojos, ¿lo haremos ante las muestras inequívocas y evidentes de que no solo estamos ante uno de los gobiernos con más delincuentes de la historia por metro cuadrado sino, además, ante un gobierno ineficaz e incapaz? Es posible que tampoco, porque no hay nada que aguante más las embestidas y humillaciones que un español de bien con su bandera en el balcón.

Tengamos algunas cosas claras: Rajoy y sus ministros son el epítome del fracaso como estadistas y como gestores. Gracias a ellos, hoy nuestro país es uno de los países más endeudados de Europa y la hucha de las pensiones ha desaparecido. Y cuando nieva, cosa harto habitual entre diciembre y enero, todo se colapsa. 12 horas tuvieron que esperar cientos de familias en la carretera porque el gobierno no había previsto nada y el ministro responsable de los efectivos de rescate –junto al director de tráfico– se hallaban en Sevilla, disfrutando, el uno del fútbol; el otro de una comilona. Tardaron 24 horas en reaccionar.

Rajoy y sus ministros son el epítome del fracaso como estadistas y como gestores

Pensemos en Zoido, ministro de Interior, un “liberal” que lleva toda su vida viviendo del dinero público: casi todos los lunes proyecta un acto en su ciudad natal, lo que le permite residir allí de viernes a lunes; y trabajar, o hacer como que trabaja, de martes a jueves. Es un vago, no le demos más vueltas. No busquemos subterfugios ni paliativos. Un simple y vulgar vago, un desastre sin remedio que por ser amigo de Rajoy, otro vago, hoy se encuentra cobrando 6.000 euros al mes por no hacer nada.

24 horas después de la crisis nos encontramos con Zoido, acompañado de tres amigotes, haciendo el paripé de presidir un gabinete de crisis. La nieve ya la han despejado (otros) pero él tiene que justificar sus 6.000 euracos del mes. Y como había que buscar culpables, Zoido y sus compadres de barra de bar tiraron de manual y de lugares comunes: la culpa es de los conductores, o del azar, o de la nieve, que quiso caer del cielo en enero con solo una semana previa de anuncio del temporal, o de Venezuela… ¿y por qué no? La culpa es de Maduro, que se lo ha chivado al ministro la paloma (la de la santísima trinidad, no el pajarito de Hugo Chávez).

Y así vamos: pasando los días entre ladrones e incapaces. Háganme caso, amigos, es hora de ir despertando.


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