A pesar de que la política es el noble arte de ser y parecer, sigue siendo muy complicado nadar y guardar la ropa en temas que enfrentan el sentir popular con el deber empresarial. Es ahí donde la gestión pública se vuelve imprescindible para actuar con mesura y prudencia.

Nuestros líderes locales y regionales no saben cómo posicionarse públicamente por temor a las represalias electorales, a la vuelta de la esquina. Se enfrentan a la oposición ciudadana y a las posibilidades que ofrecería una industria de este tipo en la ciudad. La empresa pide que se atienda su petición y que los funcionarios trabajen e informen. Sin embargo, subestiman el poder que la política tiene en esta región.

La alcaldesa acudía a la concentración popular en contra de la mina en calidad de ciudadana y militante del PP, pero no como alcaldesa. El Ejecutivo regional insiste en que su posición será la misma que defienda el PSOE de Cáceres, olvidando los distintos grados de responsabilidad entre un nivel de gobierno y otro. La consejera de Medioambiente y Rural, Políticas Agrarias y Territorio, Begoña García Bernal, afirma que en estos momentos la DIA (Declaración de Impacto Ambiental) es negativa en estos momentos y que sólo cambiará si el ayuntamiento modifica el PGM (el Plan General Municipal).

El único que parece haber adoptado un posicionamiento rotundamente a favor desde el principio es Ciudadanos, formación que exige información clara por parte de las administraciones, a pesar de que han mantenido varias reuniones con representantes de la empresa y del Colegio Nacional de Ingeniería de Minas en Madrid. C´s corre el riesgo de que su fulgurante ascenso en las encuestas se estrelle con el castigo de sus votantes a nivel local. Lo que está claro es que han apostado por darle al proyecto de la empresa una oportunidad, a sabiendas de que lo más rentable en estos momentos es mantenerse de perfil o pasarse la patata caliente.

Por delante aún tenemos muchos meses de gestión política, pues el apoyo a este tipo de proyectos que generan riqueza a costa de la modificación del territorio requiere la búsqueda de consenso y cantidades ingentes de transparencia y honestidad.

Para saber si una oportunidad de este calibre puede cambiar la ciudad tal y como la conocemos necesitamos que nuestros políticos dejen a un lado las perspectivas electorales y actúen con precaución y responsabilidad.


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