La temperatura de las palabras
José María Cumbreño

La UNESCO llegó a amenazar a Venecia con retirarle el título de “ciudad patrimonio de la humanidad” si no restringía la llegada de cruceros. De hecho, el gobierno italiano ha tenido incluso que legislar al respecto y aprobar una ley que acaba de entrar y vigor y que busca limitar el paso de gigantescos trasatlánticos junto al Palacio Ducal y la Plaza de San Marcos. La medida ha provocado mucha polémica, sobre todo porque parece que, tal y como se está aplicando (qué malas son las medias tintas), tampoco soluciona el problema.

Creo que en Cáceres no queda nadie que en los últimos meses no haya oído hablar de la posibilidad de que una empresa australiana abra un descomunal cráter al lado de la ciudad para extraer litio, mineral muy apreciado actualmente, ya que se usa, entre otras cosas, para fabricar baterías de teléfonos móviles. Creo que también la mayoría de los cacereños hemos estado muy preocupados por este asunto. Y es que, si la mina se convirtiese en una realidad, Cáceres, como Venecia con los cruceros, correría también el riesgo de que la UNESCO nos eliminase de la lista de ciudades que son patrimonio de la humanidad. Eso para empezar. Por no mencionar otros daños que sufriríamos, algunos de ellos me temo que irreparables. Citemos unos cuantos. La zona en la que se había planeado perforar la mina posee un enorme valor ecológico. Además, se encuentra tan cerca del casco urbano que las explosiones de las voladuras podrían producir peligrosísimos desplazamientos de tierras. ¿Y qué sucedería cuando el viento arrastrase el polvo hasta los pulmones de los vecinos de un barrio como el Residencial Universidad?

Se mire por donde se mire, lo del proyecto de la mina es una locura

Se mire por donde se mire, lo del proyecto de la mina es una locura que, si hacemos caso de las últimas declaraciones de la alcaldesa y de Monago, parece ser que no se va llevar a cabo. Menos mal. Aunque, no sé, reconozco que no termino de fiarme del todo. Más que nada porque Elena Nevado, hace sólo seis meses, afirmaba (qué sería de nosotros sin las hemerotecas) que las prospecciones de la mina eran muy positivas y que los que las criticaban eran unos agoreros.

Confío en que mantenga su palabra y que la mina se convierta en una pesadilla de la que por suerte estamos despertando. Lo malo es que un político donde dice “digo” puede decir “Diego” o lo que se le antoje.

Imagino que su cambio de postura se debe a que se ha percatado de que toda la ciudad estaba en contra de esa aberración y que, de intentar pasar del dicho al hecho, iba a encontrarse con una oposición permanente y con continuas manifestaciones y movilizaciones. Que no le quepa ninguna duda.


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