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El municipio cacereño de Jarandilla sufrirá una “mágica” transformación la noche del domingo, día 7, con la celebración de la fiesta de los Escobazos, de Interés Turístico Regional. Este evento es una de esas celebraciones para “vivirla desde dentro”, para “sumergirse de lleno y disfrutar del fuego, los cánticos, el vino, la música y el calor de todos los que participan en esta tradición tan singular y espectacular”.

Respecto al origen de esta fiesta, la teorías son distintas, según ha apuntado el Ayuntamiento de Jarandilla, y entre ellas está el hecho de que los pastores que utilizaban los escobones como antorchas para alumbrarse en el camino de regreso y que sus familiares esperaban la llegada de los cabreros a los pies de la hoguera.

“Escobonazos que iban y venían en señal de júbilo por el encuentro de los seres queridos… y todo ello, debido a que acudían al pueblo para la festividad de la Inmaculada Concepción”, ha indicado. Según ha explicado el consistorio, esa noche el fuego “es el principal protagonista” ya que, previamente a la procesión, sirve para que niños, jóvenes y mayores se “aticen” con los escobones encendidos y posteriormente, “son esos escobones los que se elevan para alumbrar el estandarte de la Virgen a lo largo de todo su recorrido”, ha aclarado.

En cuanto a los preparativos que giran en torno a esta fiesta de Interés Turístico Regional ha destacado algunos como la elaboración de los escobones, las hogueras, buscar ropas viejas que no prendan, rellenar las botas de vino, acompañar a los mayordomos en la petición de la rosca o buscar “trastos” viejos para echar a la lumbre. Por último, ha resaltado que cuando comienza a anochecer, comienzan en Jarandilla los cánticos y vítores a la Virgen de la Inmaculada Concepción y las escobas prendidas, una “batalla” que finaliza al comienzo de la procesión y “para disfrutar de las impresionantes hogueras que arderán al paso de la virgen”.


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