Con ánimo de discrepar
Víctor Casco

Se necesitaba un gobierno con capacidad de diálogo, mesura, inteligencia e imaginación para responder al desafío que una parte muy sustancial de Cataluña (con seguridad, el 50% de sus habitantes) puso sobre la mesa.

El Partido Popular de Mariano Rajoy no era, obviamente, ese gobierno. El partido más corrupto de la historia reciente del país y probablemente de Europa, con varias causas judiciales abiertas y con más de 800 imputados, lejos de intentar resolver un grave problema, vio en Cataluña el remedio a sus males: “arrasemos con todo, que seguro que nos da votos”.

Empecemos por lo obvio: el 2 de octubre Cataluña seguirá formando parte de España; pero cuando tu respuesta a su legítimo deseo de ser consultados es llevar ante la fiscalía al 75% de sus alcaldes y poner a la guardia civil a registrar imprentas y requisar impresoras, cuando solo ofreces represión, miedo, odio y anticatalanismo rancio, más pronto que tarde terminarán por irse, como sea. Y si hoy casi el 50% desea dejar de ser españoles, mañana llegarán al 60% y pasado al 80%. Entonces, se acabó. No hay represión posible contra un pueblo que ha tomado una decisión irrevocable.

La Constitución del 78 ya no es la respuesta. El régimen del 78 está agotado y necesitamos encontrar un nuevo pacto. Hoy somos mayoría quienes no votamos nuestra Carta Magna y la España de las Autonomías necesita ser reformulada. Podemos y debemos abrir el melón de la reforma constitucional y explorar una salida federal al conflicto, porque éste existe y es de suicidas querer negarlo.

Y entre los escenarios posibles, no hay que descartar una consulta pactada y legal; incluso un referéndum nacional donde todos seamos preguntados.

Incendiar España como quiere el bombero pirómano Rajoy, nos aboca al desastre. Por eso urge echarlo del gobierno, si queremos tener un futuro como sociedad, como estado y como nación.


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