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Cine /
EMILIO LUNA

Crítica de La desaparición de Eleanor Rigby desde el Festival de San Sebastián

Tras la maravillosa sensación que dejaba el visionado de ese segmento titulado ÉL (Him) en Karlovy Vary, quedaban por saber los daños producidos por Weinstein & Co a la versión global de un proyecto único. 120 minutos donde se alternan las dos versiones –con mucho más protagonismo para Jessica Chastain que para su estupendo partener, James McAvoy— de una historia de (des)amor que, obviando marketing y pretensiones académicas, debe convertirse en un clásico. La edición completa de La desaparición de Eleanor Rigby (The Disappereance of Eleanor Rigby, 2014) compila uno de los grandes males del cine contemporáneo, en este caso, por gloria y gracia de una tijera en pro del efectismo más encorsetado. Por suerte, los excelentes diálogos, articulados por unos personajes profundamente vitales, y la sensibilidad de la puesta en escena en Ned Benson, remarcan que hay algo más detrás de una post-producción demasiado condicionada.

ELLOS (Them), nos muestra pasajes intercalados que van encajando gracias al notable ritmo que le impone su realizador. Sin apenas altibajos, y con unos intérpretes en estado de gracia, la elegancia hace el resto. Sin recurrir a vías recorridas, se aproxima, con mucha sutileza, a dos identidades que han perdido el rumbo y que solo adquieren sentido estando cerca uno del otro. Dos polos opuestos a los que las circunstancias le dejan sin respuestas pero no sin magnetismo. Un elemento que extrapolan a la pantalla que cada mirada, en cada caricia. McAvoy y Chastain, se desnudan ante el público, y este les devuelve el gesto. En ese momento, ya no importan sus aspiraciones al Óscar, la codicia de sus mecenas o cualquier factor mercantil, solo cine, ese que deja huella y que en su futura versión de blu-ray dejará tantos regalos como corazones comprensivos.


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