Dudas de papel
Goyo Tovar

En el mundo vegetal, el género quercus abarca un extenso grupo de árboles de gran porte, crecimiento lento, con hojas perennes y flores de ambos sexos que dan como fruto la bellota. Dicen los libros que existen más de quinientas especies diferentes distribuidas por todo el mundo; tan sólo en México se datan más de ciento veinte especies. Aquí, de ordinario nos conformamos con fijarnos en la encina o en el alcornoque; el roble, el quejigo, el mezto, el rebollo,… son variedades que no alcanzan la nombradía de nuestros árboles emblemáticos.

De las muchas características que pueden resaltarse de estos árboles, me basta con fijarme en que son nucleares para la formación y sustento de la dehesa y que tienen la condición de saber resistir, y rebrotar, tras un incendio forestal. Bajo ellos crece la yerba más fresca, bajo ellos se suaviza el frío de las heladas y se refrescan los calores de agosto. Como algún inconveniente conviene señalar, desde que emergen de la bellota hasta que son adultos para darlas pueden pasar dos décadas… y la gente tiene prisa por ver su siembra hecha un edificio forestal.

La exposición universal de Sevilla en 1992, me despertó -con otra historia que ya contaré- el proyecto y desafío de convencer al paisanaje para que sembrase una bellota y así tener un alcornoque o una encina. Este año se cumplen 25 ediciones del programa “Siembra una bellota” que consiste en la simpleza de disponer en lugares públicos una cajita con bellotas maduras y folletos explicativos. La idea no tiene copyright pero aún así no percibo imitación a pesar de los años.

Desde primeros de diciembre a mediados de enero es el periodo más adecuado para sembrar bellotas, aunque no tenga tierra, puede usted pasear por el campo y enterrar levemente una, aunque nunca más vuelva a pasar por allí. O iniciar la proeza en una maceta que deberá cambiar cuidadosamente cada año por otra mayor hasta que encuentre a alguien que la acepte como regalo o campo que la admita como huésped. Incluso sugiero que nos habituemos a felicitarnos estas fiestas regalando un par de bellotas para sembrar y enviarlas allí donde tenemos amistades o parentela.

Algo está fallando en esta iniciativa; entonces dudo si el personal es partidario de la ecología navideña o prefiere la cultura de los petardos.


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