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Hablemos claro

Lunes de papel /
EMILIA GUIJARRO

 

Escuchamos decir al ministro Montoro, en medio del huracán de mentiras y sandeces que amenaza con arrasarnos a todos, que “los salarios no han bajado sino que han moderado su crecimiento”. Escuchamos decir al Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid que hay “problemas técnicos de citación”, para no contar que han parado las mamografías preventivas durante siete meses porque no quieren gastar dinero en salud pública.Pero no es un problema de dinero sino de citación. Las mujeres que se lo han podido pagar han ido a una revisión privada y las que no, han tenido que esperar un tiempo precioso a juicio de las sociedades científicas para un cáncer no diagnosticado. Un retraso mortal. Por no hablar del rédito que le han sacado a la palabra “optimización”. Optimización de recursos, que siempre significa lo mismo, recorte de derechos. 

Lo malo de este neolenguaje que nos rodea, no es que no se entienda lo que se dice, es que nos toman el pelo.

Aquí, en Extremadura, también tenemos ejemplos de juegos de lenguaje y hablamos de “un tren de altas prestaciones”, por no hablar de que no habrá tren de alta velocidad, AVE, que es lo que todos conocemos, “aerolíneas de coste bajo”, para no decir que son aviones con un piloto, una azafata y poco más. Frente a estas figuras estilísticas, voces de la verdad han resonado durante las últimas horas en el Congreso. Una, la de Ada Colau, representante de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, que en el Congreso de los Diputados clamó contra el ministro Guindos que defendía con soberbia la legislación hipotecaria. Lo llamó delincuente moral, porque defender que lucrarse con la desgracia ajena no es un delito, es una inmoralidad. Y ahí resonó sin adjetivos su voz clara, en armonía con quienes sufren el salvaje atropello de los poderosos, de los banqueros.

Y el miércoles pasado, las activistas de FEMEN, utilizaron su cuerpo como pancarta y hablaron claramente, y dijeron que en el cuerpo de cada mujer no manda nadie, sólo ella, y reclamaron una ley del aborto como la que ahora hay. Y todo el mundo ha entendido lo que han gritado. Lo malo de este neolenguaje que nos rodea, no es que no se entienda lo que se dice, para mayor gloria de los informes educativos de la OCDE, es que nos toman el pelo.

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