El pasado jueves, unas horas antes de que Avuelapluma cerrara su edición, más de 250 alcaldes y alcaldesas extremeños de diferentes partidos políticos firmaban en la Asamblea de Extremadura el llamado Pacto del Ferrocarril de Extremadura.

A esa cita faltaba, la alcaldesa de Cáceres, que a la misma hora celebraba la declaración institucional del Día de Extremadura en las escalinatas del ayuntamiento. A esa cita no acudían ni los representantes ni del PSOE ni de Cáceres Tú (Podemos) por entender que este acto se programaba como boicot al de Mérida.

Estos hechos son una muestra, un poco absurda, de la incapacidad de nuestros representantes locales para ponerse de acuerdo para en cosas elementales. ¡Qué será de nosotros cuando se les necesite para hechos de mayor magnitud! ¡Qué dios, la ciencia o X nos coja confesados!

Podríamos entender la ausencia de Elena Nevado en el acto en Mérida para firmar el pacto por el ferrocarril si su partido no hubiera acudido, pero es que el ex presidente Monago asistió para firmar el pacto acompañado de importantes alcaldes populares de la región. Su ausencia en ese pacto no se comprende, ya que suponemos que está de acuerdo con la premisa de que Cáceres y Extremadura necesitan un tren y unas comunicaciones ferroviarias dignas.

Es más que obvio, que si Extremadura gozara de un tren de calidad, la capital cacereña sería, sin duda, una de las ciudades extremeñas mas beneficiadas. Los cálculos de las organizaciones turísticas extremeñas cifran en más de un millón de turistas los que pierde la región por carecer de unas buenas conexiones ferroviarias. Cáceres, como cabeza turística de la región, recogería mucho de este turismo. Por sólo este motivo, Cáceres, no sólo debería, ir a firmar el pacto del ferrocarril, sino por todo lo que se juega económicamente para su futuro, la ciudad debería estar a la cabeza de ese pacto. Gobierne quién gobierne en Madrid y, gobierne quién gobierne la ciudad. Los intereses de la ciudad y sus ciudadanos por encima de los intereses de partido.

Y si en una comunidad tan pequeña como la extremeña no nos unimos para una reivindicación histórica imagínense si ahora nos ponemos a hablar de Cataluña. Con un referéndum ilegal en el horizonte, España afronta una tensión política semejante a la vivida en la transición. Estos días nos darán muestra de la valía y la altura de nuestros representantes públicos. El futuro de España está en juego.


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