Esta semana se celebra el gran escaparate turístico nacional e internacional en Madrid. A partir del miércoles sacaremos pecho en FITUR con un stand extremeño diseñado para vender las bondades turísticas de nuestra región. Como cada año, Extremadura va con artillería pesada. Tenemos sobradas razones para ello: llanuras, valles, sierras, bosques… patrimonio, historia y el poso de las civilizaciones que se asentaron en este páramo privilegiado… figuras históricas que terminaron sus días en Madrigalejo y Cuacos de Yuste. Sí, nada menos que Fernando el Católico y Carlos V. Somos la región española con más kilómetros de costa interior, a pesar de la leyenda negra que nos asocia a un secarral insoportable. Hemos sido escenario durante el pasado año de series de proyección internacional y películas con presupuestos significativos que servirán de acicate a los números turísticos que comienzan a despegar. Figuramos como un núcleo cultural de reconocidad efervescencia con propuestas consolidadas como el Festival de Teatro Clásico o el WOMAD. Incluso tenemos nuevos proyectos que se han convertido de un tiempo a esta parte en tendencia a nivel nacional. Horteralia ha conseguido lo que muchos festivales no consiguen con 20 veces más presupuesto: despertar interés.

Cáceres es la suma de todo y, sin embargo, aún nos falta creernos lo que somos: un destino único. Hemos mejorado nuestras infraestructuras turísticas con la construcción de un parking en el centro de la ciudad y hemos aumentado las plazas hoteleras, aunque seguimos careciendo de algo fundamental para que la visita a Cáceres no se convierta en toda una aventura. Precisamos dejar atrás la precaria conexión con las principales ciudades españolas. Los medios de transporte público son de otro siglo. Venir en tren es toda una experiencia, una suerte de viaje a la Alcarria con paisaje y paisanaje diverso. A los autobuses sólo les falta tener sillones cama. Y algo que Ibarra prometió antes de dejar paso a su sucesor: un aeropuerto internacional que permitiría conectar la ciudad con las principales capitales europeas. Ese proyecto al que muchos tacharon de “irreal y fantasioso” hubiera supuesto un antes y un después. Mediante la llegada de compañías de bajo coste —las llamadas “low cost”— nos hubiéramos convertido en el destino ideal para vivir un fin de semana rodeado de historia, cultura y piedras. A veces, el tiempo convierte las ideas descabelladas en monumentos a la memoria valiente.

Si tienen oportunidad, acérquense a la FITUR y visiten los stands de diferentes regiones y países. Déjense emocionar por sus idílicas playas y grandes museos… y cuando estén de regreso de su paseo virtual, miren de nuevo con aire fresco, sabiendo qué harían los demás con esta joya de incalculable valor.


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