Historias de Plutón
José A. Secas

En lo más profundo de la selva, se habían reunidos los chamanes de varias tribus alejadas del gran río. Era una noche escogida de entre las miles y miles que envuelven, desde la eternidad, a los hombres que viven y buscan la luz. Una noche perfecta por su alineación cósmica y por la sintonía esperada de la madre Tierra con los planetas de nuestro diminuto sistema, de nuestra pequeña galaxia, de este Universo inconmensurable que por ahora conocemos.

Los chamanes habían esperado esa fecha para tratar de hallar respuestas a asuntos muy graves que transcendían los pequeños problemas del día a día de los hombres y mujeres de las tribus de la selva. Ellos, atendían desde tiempos inmemoriales las necesidades físicas y espirituales de aquellos seres unidos profundamente a la tierra. Podían curar las heridas del alma y del cuerpo tal y como se había venido haciendo desde que el mundo es mundo pero en esta ocasión, necesitaban la energía compartida de todos los hombres sabios que sabían comunicarse con las fuerzas del Universo y con los dioses de sus antepasados. Necesitaban hacerles llegar unas preguntas muy importantes que merecían respuestas claras; preguntas que solamente podrían formular, transmitiéndolas a la vez, durante aquella ceremonia especial que hacía de aquel punto en la selva, en aquel momento, el centro del Universo.

Estamos esperando su vuelta para conocer la verdad. Sabemos que va a llegar

¿Por qué hay otros hombres, más allá del gran río, que cortan árboles y matan animales?, ¿por qué esos hombres se destruyen entre sí?, ¿por qué quieren acabar con nuestra forma de vida?, ¿por qué no pisan el suelo y buscan las respuestas en la naturaleza en vez de su ambición?, ¿por qué? Tomaron sus brebajes de yerbas y hongos, a través del fuego, miraron en su interior e invocaron a los espíritus con los sonidos monocordes de sus gargantas y de sus instrumentos primitivos. Así entraron, todos juntos, en el trance buscado. Conocían el mensaje y las preguntas y cualquiera de ellos estaba listo para formularlas, esperar y hallar las respuestas.

Y ocurrió tal y como os cuento: Uno de los chamanes comenzó a despegar sus pies del suelo y se elevó, brillando como una luciérnaga, por encima de las copas de los árboles como una pavesa llevada en volandas. Era uno de ellos; cualquiera. Quizás el mejor conectado con sus semejantes y con las fuerzas de la naturaleza y del cosmos. Se perdió más allá de la realidad y del presente y se llevó consigo las preguntas que todos deseamos desvelar. Ahora, estamos esperando su vuelta para conocer la verdad. Sabemos que va a llegar. Es necesario estar atentos porque puede que quiera quedarse entre nosotros.

 


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