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Cine /
EMILIO LUNA

Crítica a Interstellar (2014), dirigida por Christopher Nolan.

Nolan rediseña la figura del héroe moderno, y lo hace desde las cenizas. Como decíamos, el protagonista parte de una fractura psicológica producto de, aparte del mencionado accidente aeronáutico, del fantasma femenino de su pareja sentimental. El peso argumental de las mujeres en el cine del director es completamente secundario, tanto que prescinde de su figura (corpórea) a través de la muerte. Sin embargo, este hecho no ha empujado a Cooper a la locura como sí hizo con Cobb o Leonard (Origen, 2010 y Memento, 2000), sino que lo ha llevado a centrarse en sus tareas paternales mostrando una actitud permisiva y protectora con sus hijos para paliar la ausencia del cariño materno.

Con la personalidad del protagonista definida, el guion nos encamina hacia la que parece la finalidad última de todo ídolo contemporáneo: salvar el mundo. Aquí es precisamente donde encontramos el inconformismo anti-evolutivo que desacredita el eterno discurso de los peregrinos pesimistas, portadores del “ya está todo inventado”. Y nos llega a través de un sensacional Matthew McConaughey, reemplazo de Christian Bale en tareas heroicas y a quien sólo le falta el revólver para encarnar a otra de las leyendas salidas de las viñetas de DC: Pow Wow Smith (All-Star Western).

Un vaquero venido del futuro que personifica la rendición existencial del héroe que, aceptando sus limitaciones, ya no buscará salvar la Tierra (como analogía de aquello por lo que siempre hemos luchado), sino que su misión será la de encontrar un nuevo lugar que reúna las condiciones de habitabilidad necesarias para la proliferación de los terrícolas, huyendo así de este planeta azul “dejado de la mano de Dios”.


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