Con ánimo de discrepar /
Víctor Casco

Hay que agradecerle a quien fuera primer presidente del Gobierno en la dictadura franquista, sin que mediase el voto de la plebe en su elección, faltaría más, que nos permitiera superar la divisa nacional en nuestro escudo: pasamos del plus ultra al plus altius en unos segundos. Loable y meritorio logro.

Y es que, sobre el ascenso del Almirante han corrido tintas. Tip y Coll le dedicaron una de sus tipycollogías más cachonda y los años ochenta abundaron en chistes y burlas. Entonces parecía que la libertad era un vendaval que podía arrasar con todos los atavismos e interdictos: podíamos hablar de todo y contra todos. Tras la larga cuarentena del silencio obligado en la dictadura, ya no había miedo a pensar.

En los días de mayor crudeza de los atentados terroristas de ETA, los españoles no renunciaron a su humor. Y entonces sucedió: ETA dejó de matar y las audiencias judiciales y las fiscalías empezaron a tramitar denuncias por apología del terrorismo como nunca antes se viera en los años de plomo. Hoy hay más personas pendientes de ser juzgadas por algún chiste que en todos los años que duró el terrorismo etarra. Y es que tenemos fiscales que parecen un trasunto de aquel Jorge de Burgos imaginado por Umberto Eco en “El nombre de la rosa” que no soportaba la risa: “¡es un viento diabólico que deforma las facciones de la cara y hace que los hombres parezcan monos!¡No reír!”

La risa siempre ha permitido desnudar al poder. Y lograr que perdiéramos el miedo a cuestionarlo. Los titiriteros, los comediantes, los bufones, en todas las épocas, fueron esa ranura de libertad por la que poder respirar. La risa precede a todas las revoluciones y cuando en París empezaron a reírse de las costumbres de sus monarcas y cortesanos, pronto estuvieron dispuestos a marchar sobre Versalles a reclamar pan y dignidad. Por eso hay fiscales que le tienen tanto miedo al poder liberador del humor.

En homenaje a Cassandra Vera, que ha sido juzgada por reír y hacernos reír. Y que el Almirante, desde las alturas, nos guarde.


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