Tiempos Posmodernos
Víctor Gabriel Peguero

Las dos novelas distópicas por excelencia son Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley, y 1984, de George Orwell. Los dos relatos hacen una predicción del futuro, a priori diferentes: Huxley nos presenta un mundo desarrollado, opulento, en el que sus habitantes llenan el tiempo libre con ocio y libertinaje. Orwell, en cambio, describe un mundo degradado y decadente en el que los individuos se han convertido en meros autómatas por el continuo lavado de cerebro al que son sometidos. Ambas proyecciones tienen algo en común, se trata de sociedades férreamente controladas. En el Mundo Feliz, el control se ejerce mediante la deshumanización que produce la constante e infinita satisfacción de los deseos y necesidades más primarios, lo que genera individuos con ninguna aspiración más allá de dicha satisfacción, individuos que no se preguntan “por qué” o “hacia dónde”. En la sociedad de 1984 el control se lleva a cabo mediante la propaganda, el miedo y la purga. Esta semana hemos visto cómo de nuevo el terror abría los informativos. En esta ocasión se trataba de un atentado suicida con bomba en mitad de un concierto para adolescentes. 8 años tenía la persona asesinada más joven. Me preocupa, además de la propia gravedad del ataque, la manera en que digerimos, como sociedad, esta clase de sucesos. Ya escribí anteriormente en esta misma sección que nos estamos volviendo resistentes al terror. Pero no se trata de una resistencia fruto de la lucha, sino de la capacidad de olvidar, o de la incapacidad para reaccionar. Es decir, aceptamos con pasmosa facilidad que, de vez en cuando, haya alguna masacre de turistas o niños, algún policía degollado, atropellos intencionados… Y me llama aún más la atención cuando se explica, por parte de periodistas, tertulianos, políticos o pseudointelectuales que ese seguir como si nada refleja nuestra fortaleza y nuestro compromiso con la libertad. A lo mejor toca reconocer que, más bien, como si se tratara de una proyección distópica surgida de la fusión entre 1984 y Un Mundo Feliz, no nos importa renunciar a la libertad si a cambio a los demás nos dejan seguir a lo nuestro. Habría que pensar a dónde nos lleva eso.


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