Con ánimo de discrepar
Víctor Casco

Felipe González, preguntado por la corrupción que parece asolar a una parte de nuestras instituciones, y especialmente al partido en el poder, el Partido Popular, ha atribuido tan lamentablemente situación a los descuidos. Los españoles, nos ha venido a decir, no tenemos un problema de corrupción generalizada, sino de despistes. No hemos vigilado atentamente, y claro, la gente se descuida.

¿Quién no se ha levantado un día para descubrir, sin duda sorprendido, que por descuido ha terminado con una cuenta en Suiza donde ha ingresado, indudablemente también por descuido, unos cuentos millones de euros procedentes de empresas que, a cambio de esas mordidas, han obtenido suculentos contratos de la administración? ¡Que tire la primera mano quienes no tengas tan desafortunados despistes!

Hablando de corrupción, Felipe González puede dar “ejemplo”, pero en modo alguno un “buen” ejemplo

Flaco favor le hace Felipe González a la vida pública. En su intento de proteger el sistema, ese edificio construido por el bipartidismo, está dispuesto al ridículo.

Tenemos, sí, un problema de corrupción. Tenemos un grave problema, porque cada vez que un antiguo dirigente del Partido Popular comparece ante los jueces y tira de la manta, comprobamos que la corrupción es sistémica en la formación de Rajoy. Dicho en otras palabras: el PP es una organización política con vocación de robar.

Y lo peor es que, frente a jueces independientes y las ingentes pruebas acumuladas del latrocinio, intentan salvarse echando mano del arsenal, importante y estratégico, que pone en sus manos manejar los resortes del poder: Fiscalía General y miembros relevantes de Tribunales Superiores. Por eso nadie ha sido capaz de desentrañar quien es ese misterioso y escurridizo señor “M.Rajoy” que aparece en los papeles de Bárcenas percibiendo suculentos sobres de dinero en B. Eme punto Rajoy, vaya usted a saber quién demonios es.

Claro que, volviendo a Felipe González, no deberíamos descartar que, habiendo él protagonizado la otra etapa de corrupción generalizada, cuando los últimos gobiernos del PSOE se enfrentaban día sí y día también a escándalos mayúsculos en la prensa, en el fondo, esté más que interesado en concluir que todo esto no son sino descuidos.

Convengamos, amigo lector, que hablando de corrupción, Felipe González puede dar “ejemplo”, pero en modo alguno un “buen” ejemplo.


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