La amistad y la palabra /
Enrique Silveira

Ser un español reconocido requiere un comportamiento distintivo y muy difícil de imitar, si no te has criado en la piel de toro o, si es así, has evitado el contacto con otras civilizaciones, quizás más prestigiosas que la nuestra, pero no tan fácilmente reconocibles. Este es un decálogo que identifica al prototipo de español:

– Hablarás con admiración de Cervantes y “El Quijote”, pero jamás confesarás que, a pesar de haber adquirido una hermosa edición de coleccionista, no has llegado a terminar el primer capítulo.
– Te alinearás con un partido político al que votarás de manera contumaz, porque tú eres de esos de toda la vida y no vas a cambiar ahora. Además, los otros son mucho peores.
– Te sonrojarás con nuestra última actuación en Eurovisión: no se acostumbra uno a hacer el ridículo, aunque se haya convertido en una tradición.
– Vociferarás cuando tengas razón y cuando no, también.
– Aceptarás resignado que todos las actividades comiencen con retraso, que la impuntualidad tiene lugar preferente en nuestra lista de particularidades y ser puntual solo conduce a la impaciencia, la inquietud y el enfurruñamiento del que llega a la hora preceptiva.
– Serpentearás por calles y avenidas para evitar a los que no necesitan buscar aparcamiento porque dejan su coche en cualquier sitio, para regocijo propio y desesperación ajena.

Si existen muchos como tú, es posible que esta sociedad nuestra tenga capacidad para transformarse y mejorar

– Creerás haber muerto y alcanzado El Paraíso tras concluir una mañana de arduas gestiones en la que todos los trámites se solucionaron sin que nadie opusiera impedimento alguno y disfrutaste solo de las sonrisas, buenos modales y extraordinaria diligencia de los que te atendieron.
– Discutirás agriamente con el que defiende que la virgen de su pueblo es más hermosa que la del tuyo, a pesar de que hace cinco años que no pisas una iglesia. A las vírgenes no se las toca.
– Reconocerás que el pueblo de tus antepasados se está viniendo abajo porque solo quedan veinticinco bares para sus mil quinientos habitantes y así es muy difícil vivir.
– Observarás imperturbable la mugre que dejan como recuerdo los asistentes de cualquier evento. No hay manera de que los españoles entendamos que se puede disfrutar de un recinto y dejarlo tan limpio como estaba al llegar.

Tienes toda la razón: no existe comunidad que acumule exclusivamente defectos que enrojecerían a cualquiera de alma limpia, y la nuestra no puede ser menos, por ello cabría otro decálogo de virtudes. Todo llegará.

¿Cómo?, ¿ que tú no eres así y no te reconoces? Me das una gran alegría; si existen muchos como tú, es posible que esta sociedad nuestra tenga capacidad para transformarse y mejorar de tal manera que el mismísimo Larra se sentiría orgulloso de pertenecer a ella. Seamos entonces optimistas, que quiero quedarme.


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