Desde mi ventana /
Carmen Heras

En Garrovillas nos reunimos, hace ya algunos años, un grupo de personas voluntariosas decididas a realizar una propuesta ciudadana para disfrute de los ciudadanos.

Pasamos el día allí en el llamado parador, trabajamos bien, paramos para comer pues el cerebro se mueve despacio cuando el organismo necesita energía y volvimos a Cáceres por la tarde satisfechos de haber confeccionado conjuntamente, en actitud plenamente cooperativa, un proyecto electoral y novedoso.

Este tipo de encuentros, me han gustado siempre mucho y los he utilizado cuando ha sido necesaria la unidad entre varios, la objetivación de las tareas y la planificación. Guardo de todos ellos muy felices testimonios. Al establecimiento de Garrovillas se han acercado, la semana pasada, políticos, empresarios y sindicatos para pedir un tren mejor para Extremadura, ministro del gobierno español y presidente extremeño como máximos representantes. Desconozco el por qué se realiza la reunión en esta bella localidad de la provincia cacereña, más allá del pretexto de la visita cursada al Almonte. Desconozco, también, por qué la Administración autonómica ha aceptado reunirse allí, cuando con la anterior ministra de Fomento no quiso hacerse, en parecidas circunstancias de exposición pública. Y desconozco, sobre todo cuál es el papel, en este asunto, de dos sindicatos en la región, que previamente han lanzado fuertes advertencias al gobierno popular o criticado el lugar del encuentro, fuera del lugar central del gobierno de la región, como si representantes gubernamentales de todos los extremeños fueran.

Si no importa el color del gato, sino que lo que vale es que cace ratones, veamos lo útil de la entrevista garrovillana en fechas futuras, pensando siempre en mejores comunicaciones para los habitantes extremeños, que la presteza de la administración autonómica permite dar. Si sí importara el color del susodicho animal, alguien debiera informar los roles de unos y otros, la trascendencia, o no, del encuentro y la importancia de los asuntos tratados. ¿Todos de turismo? Nooo. Hubo que hacerlo así por esto, por esto y por lo otro…

Garrovillas es un pueblo hermoso, aunque lo cortés no debiera quitar lo valiente. Si la visita es oficial, es oficial con todas sus características. Si no lo es, pues alguien puede pensar que los compromisos posibles, pues son solamente eso: posibles.

La vida tiene estas cosas, una parte de formalidad y una parte de protocolo. O si me apuran: un fondo y unas formas. Las segundas revalidan lo primero delante del público, que observamos. De eso sabe mucho la iglesia católica cuando pone el acento en cuestiones concretas de culto y tradición. Y lleva muchos años haciéndolo, sin irle mal. Al final, señores, la publicidad funciona. Para bien, la mayoría de las veces, según los aciertos de los programadores y el tino con el que eligen la imagen que desean mostrar. Si se dan cuenta, no hablo del corredor ferroviario entre Madrid y Badajoz y de su importancia social para la vida de los que aquí moramos o de aquellos que quieran visitarnos. Porque de eso ya se han encargado los expertos.

 


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