Arranca la Semana de la Pasión. Y es que hay que reconocer que el evento despierta interés en la comunidad creyente y en la aconfesional. La Semana Santa cacereña, declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional en 2011, es uno de los acontecimientos del año como lo demuestra el 100% de la ocupación hotelera durante estos días. Es una Semana Santa histórica y participativa gracias a los más de 1.500 cofrades y los 23 desfiles procesionales que toman las calles de la ciudad.

Desde una perspectiva puramente cuantitativa, la Semana Santa cacereña inyecta una considerable dosis de ingresos a la ciudad. Los hosteleros —principalmente los del entorno histórico— ven cómo oleadas de turistas toman sus terrazas en busca de un refrigerio mientras aguardan al siguiente paso. Este año, el dispositivo especial les avisará una hora antes para que levanten mesas y sillas y permitan la movilidad de las imágenes. Protestan que tanto trajín perjudica sus cuentas, pero es el mismo gentío el que les hace colgar el “no hay billetes”. Es una de las fiestas grandes de la ciudad en todos los sentidos, y como tal, hay que proteger —más allá de creencias— uno de los pocos motores de ingresos que tenemos.

Para potenciar la fiesta, el ayuntamiento destina una partida económica anual para cubrir los gastos de las cofradías. Algunos sectores critican que la inversión no sea equitativa ni proporcional en relación al resto de áreas sociales. Sin embargo, es cierto que la Semana Santa de Cáceres genera repercusión en el resto de España y fomenta la atración de visitantes.

Una ciudad de contrastes, pues apenas unas semanas más tarde aterriza el WOMAD, un festival que celebra la diversidad y la tolerancia más pensado para el difrute de la carne que para el gozo del alma. Eso es lo peculiar y singular de una ciudad así, que puede conjugar tradición y modernidad sin despeinarse, aunque el resto del año se parezca más a un mausoleo que a una ciudad llena de vida. Primavera que despierta el sabor catovi. Esas mismas calles abarrotadas se vacían después cuando llega el gran éxodo. A la Semana Santa le sigue la bajada de la Virgen de la Montaña, patrona de la ciudad. La ciudad sigue exultante de peatones. ¿No podemos dejar a la Virgen todo el año, que los Pasos salgan cada mes, que haya un WOMAD al trimestre? Es una forma de llenar este decorado, envidia de productoras, pero yermo de tránsito cuando los eventos primaverales se desvanecen con la llegada de los primeros sofocos veraniegos.


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