Habías estado antes en la ciudad, ¿qué es lo que más te gusta de Cáceres?

El sabor que tiene el casco histórico y la gente, que es muy calurosa y muy amable. Siempre que hemos ido me he sentido muy arropada y querida, la gente es muy cariñosa. En cuanto a la gastronomía, me encanta todo.

En la gira interpretas algunas de las canciones de tu último trabajo ‘Ecos’, cuya base es el jazz, ¿por qué jazz?

Lo que yo hago desde hace mucho tiempo es música con influencia jazz. Creo que hoy en día todo es fusión. El jazz es la estructura que te permite que tú puedas fusionar todas esas cosas, todas esas influencias. Yo soy una persona muy ecléctica y he tenido muchas influencias de mucho tipo de músico. Ese armazón me permite mezclar música negra con música cubana, música española. En ‘Ecos’ hemos hecho versiones desde ‘Volando Voy’, ‘Entre dos Aguas’ de Paco de Lucía, a canciones como ‘Oleo de mujer con sombrero’ de Silvio Rodríguez. Es donde me encuentro más cómoda.

¿Cuál es el momento que más te gusta de los conciertos?

El concierto suele durar una hora y media, aunque depende de cómo esté el público. Mi banda y yo somos de directos, es lo que nos mueve, es de lo que vivimos. Suele haber momentos álgidos, pero depende de cada concierto y de cada público. Hay canciones que han tenido mucho éxito como ‘Alfonsina y el Mar’; ‘Ay, Ay, Ay’ de Nina Simone que la llevo cantando 15 años o ‘Días de Invierno’ y ‘Qué va a ser de mí’. Hay veces que también hay sorpresas.

¿Qué prefieres, las giras o el estudio?

Soy más de directos y de improvisación, pero también es verdad que cuando llevas tanto tiempo girando te apetece estar en el estudio, en tu casa. Son momentos muy diferentes. El proceso creativo es una expectativa, da pequeño vértigo, siempre estás pensando a ver cómo va a salir. Ese proceso mola mucho, pero si tengo que elegir, me quedo con los directos.

¿El apellido pesa?

El apellido te pesa como todo en la vida, sobre todo al principio de tu carrera porque los principios del músico o de cualquiera son complicados. Hasta que tú encuentras tu hueco, tu identidad, tu espacio, te lleva mucho tiempo. Al principio te quieres descargar lo máximo posible de la imagen que puedan tener de tu padre, pero luego es un gusto. Cuando llevas con tu trayectoria tantos años y tienes tu propia vida y personalidad, es una maravilla que la gente venga y te diga, oye, cómo me gustas y cómo me gustaba tu padre. La gente es muy cariñosa. Para mí es un orgullo más que nada y me siento muy contenta con llevar ese apellido. Si me lo llegas a preguntar hace 30 años seguramente no te habría dicho lo mismo, pero ahora sí.

Viajas por todo el mundo, pero resides en España, ¿has pensado en mudarte?

Me gusta vivir en España, es de los países donde mejor se vive, al menos, todavía.

Tú representaste a España en Eurovisión, ¿cómo fue la experiencia?

Creo que quedamos fatal, en el puesto 19, pero cuando fui en el 88 el festival estaba de capa caída total, era como una cosa residual. Lo viví de una manera diferente, era jovencita, tenía 22 años y lo típico, con esa edad no te enteras de la mitad. Para mí fue una experiencia muy heavy en el sentido de que ahí me di cuenta de que quería ser artista. También me sirvió para darme cuenta de que había cosas que quería controlar más. No quería dejarme manejar tanto por las multinacionales. Fue un punto de inflexión en mi carrera.

Nunca hemos conseguido gustar en Eurovisión ¿por qué?

La gente no se da cuenta de que tú eres candidato de RTVE y para que el resto de países puedan votarte tienes que hacer una campaña en la que mandas a tu representado por todos los países enseñando tu canción. Solamente por un día que te escuchen un minuto no te van a votar porque mientras tanto hay otros países que han hecho una campaña exhaustiva por toda Europa. Ese trabajo conmigo y me consta que con muchísimos más, no se hizo. Si no consigues difusión no te conoce nadie.


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