La temperatura de las palabras
José María Cumbreño

Si a los españoles les encanta quejarse, los cacereños debemos de ser españoles al cuadrado. Españolísimos.

Una de las frases que más se oye en esta ciudad es aquélla en la que el catovi de turno se queja, con aire afectadamente cosmopolita, de que en Cáceres, en el campo de la cultura, nunca hay nada.

El catovi, ya se sabe, se pirra por los grandes museos, como lo demuestran las inexistentes colas delante del Helga de Alvear.

Y que conste que lleva parte de razón. Sobre todo si consideramos lo que nuestro ayuntamiento nos ofrece en ese ámbito. Porque me temo que la concejalía de cultura del ayuntamiento de Cáceres va por buen camino en su afán de convertirse en invisible.

Menos mal que los ciudadanos siempre son mucho mejores que sus políticos.

Porque, en vista de que el ayuntamiento no cuenta con un plan cultural definido, sino que actúa por ocurrencias, es una suerte que haya personas que han decidido aplicar aquello de la montaña y Mahoma.

De unos años a esta parte, existe en Cáceres, desde una perspectiva literaria, una actividad intensa que nos permite disfrutar del magisterio de escritores y editores de primer nivel.

Menos mal que los ciudadanos siempre son mucho mejores que sus políticos

Ahí está, por ejemplo, la estupenda programación del Aula de la Palabra, que, sin ningún tipo de subvención, saca adelante la Asociación Norbanova.

Ahí están también las sesiones de micro abierto que organizan Letras Cascabeleras, Mastropiero.

Y luego está ese oasis llamado Psicopompo, una librería cafetería más propia de Madrid o Barcelona.

Por cierto, el viernes pasado actuaron en Psicopompo tres maravillosas poetas: Susana Szwarc, Elena Román y Carmen Hernández Zurbano. Afortunadamente, nos estamos acostumbrando a que por Psicopompo se pasen escritores de primera fila un día sí y otro también. Que dure.

No me olvido, por supuesto, del Aula José María Valverde, que desde hace más de veinte años nos ofrece el privilegio de ver en Cáceres a parte de lo mejor de la literatura actual. Es cierto que el Aula Valverde se mantiene gracias a fondos públicos, pero fondos que vienen de la Junta.

No sé qué habría sido de algunos inquilinos del ayuntamiento si a esta ciudad llegan a concederle la capitalidad cultural europea en 2016.

 


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