Mi ojito derecho
Clorinda Power

Estoy en la oficina. Son las 11 de la mañana del viernes y suena música de finales de los 60 y principios de los 70. Los hombres han venido con bigote, gafas de pasta, sombrero, traje, algunos de hasta tres piezas, y pañuelo en el bolsillo de las solapas. Las mujeres, con faldas evasé, collares de perlas, ondas en el pelo y ojos de gata. Hoy es la fiesta de navidad y la empresa ha contratado a una maquilladora y a una peluquera que llevan moldeándonos desde las 9 de la mañana para convertirnos en los personajes de Mad Men.

A las doce llegará el catering y un equipo de camareros montará un banquete en la sala de reuniones. A las tres se servirán las primeras copas y comenzará el amigo invisible. Durante dos horas, 38 personas nos pelearemos por conseguir el regalo estrella. Y nos reiremos bastante. Mucho.

A continuación, bajaremos al bar de abajo a seguir bebiendo copas, pagadas también por la empresa, pero, esta vez, con acceso a terraza para los fumadores. A esas alturas comenzarán a contarse las primeras bajas. Algunas evidentes, otras sorprendentes. Sin embargo, el núcleo duro permanecerá, incluida una inesperada incorporación.

Cuando el jefe amenace con pagar la última ronda, todos correremos a la barra a pedir la penúltima. Después de brindar cuarenta veces, iremos a bailar a un garito que pinchará una lista con música de la época y hits del 2017. Para entonces, solo sobrevivirá el núcleo duro y entonces la parejita de la oficina confesará a los presentes que llevan juntos más tiempo del que sospechábamos. Y brindaremos por enésima vez.

Las fiestas de navidad son tan previsibles como peligrosas

A las 9 de la mañana me levantaré a por los dos ibuprofenos que me tenía que haber tomado antes de meterme en la cama (vestida). Me volveré a acostar y rugiré mi resaca hasta que vuelva a quedarme dormida. Despertaré sobre las 12, me arrastraré hasta el sofá y desde allí pediré ayuda y comida a domicilio.

Las fiestas de navidad son tan previsibles como peligrosas. Pero qué demonios, hoy, en vez de trabajar, me puedo dedicar a escribiros esto vestida de Mad Men.


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