Cánovers /
Conrado Gómez

Lo único que distingue a una oficina de banco de una charcutería es el olor. Y a este paso, gracias a los nuevos sistemas de refrigeración, ni siquiera eso. ¿Han entrado últimamente en alguna de las primeras? Si tienen algún familiar que despierta de un coma profundo después de 10 años, por favor, absténganse de llevarle a su sucursal habitual. La metamorfosis lleva largo tiempo concibiéndose como una despersonalización del servicio. He llegado a pensar que la quiebra bancaria y sus rescates millonarios no son más que una maquiavélica operación orquestada para desprestigiar al sector, y que nos la traiga al pairo el devenir de su futuro. Quizás no sea para tanto, y se deba exclusivamente a un asunto de costes. Las nuevas oficinas han mecanizado el proceso. Se asemejan a carnicerías. Va por turnos y tienes que hacer colas infinitas para cualquier gestión. De hecho, como si fuera una consigna partidaria del nacionalsocialismo, todos te animan a que te descargues la APP para hacer transacciones desde casa, y en todo caso, te familiarices con el cajero, que pasará a ser tu mejor amigo.

Ciertamente es más cómodo. Lo digital procura más facilidades. Pero los bancos son empresas que se deben a su cuenta de explotación y tras esa máscara de la evolución tecnológica se esconden los recortes de personal y los cierres de oficinas. Es indistinto dónde acudas, pues todos siguen la misma línea empujados por la tendencia de la competencia. Ya sufrimos la desaparición de Caja de Extremadura y su Obra Social. Pasó a llamarse Liberbank, y cuando se disipó el humo de las bondades de la gran fusión, comprobamos que la inversión en cultura y beneficencia para Cáceres era proporcional a nuestro peso dentro del grupo financiero: cero.

Dicen que algunas sucursales te ponen al aparato con un comercial que está al otro lado del país, que conoce tus datos por tu tarjeta. Te pone cara y voz, pero apenas se molesta en saber por qué eres cliente. Están telematizando todo. Es un drama. De vez en cuando, en un alarde de recuperar el mundo analógico que nos están robando a mordiscos, me presento en las oficinas como si fuera un acomodador de cine distraído para que no se olviden de esa gente a la que todavía nos gusta que nos engañen mirándonos a los ojos.

Si recortan en personal, cierran oficinas y se ahorran en papel deberían darnos más interés por nuestro dinero y ofrecernos mejores condiciones en los préstamos y las hipotecas, ¿no? Si el ahorro sólo va a repercutir en uno de los dos, qué quieren que les diga, me quedo con la ejecutiva personal de cuentas que te sonreía mientras disimulaba entender un mercado tan incomprensible para ella como para ti, pero por lo menos te dedicaba el tiempo suficiente para que te creyeras importante.


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