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Gracias a la prueba de SOH la mortalidad de este tipo de cáncer se ha reducido un 30%.

El cáncer colo-rectal (CCR) representa actualmente el tumor más frecuente del organismo, si se consideran conjuntamente ambos sexos. Se estima que alrededor del 75% de estos tumores es esporádico (sin base genética), mientras que el 25 % restante se denomina “hereditario” (pues en su origen existe algún componente genético), según explica el doctor Javier Díaz Blasco, especialista en Digestivo en el Hospital Virgen de Guadalupe.

Por sexos
Según un recuento realizado por la Red Española de Registros de Cáncer (Redecan), los tumores más habituales en los hombres fueron los de próstata (32.641 casos), colon y recto (23.482), pulmón (22.455 casos) y vejiga urinaria (16.756 casos). En las mujeres, el de mama (26.354 casos), colon y recto (16.071 casos) y cuerpo uterino (5.963 casos), si bien el cáncer de pulmón ocupó ya la cuarta posición con 5.404 casos nuevos.

Este tumor presenta una serie de características que lo hacen idóneo para poder aplicar estrategias de prevención: además de su elevada incidencia y del alto impacto socio-sanitario que ello conlleva, el CCR presenta una velocidad de crecimiento relativamente lenta y una lesión precursora (el pólipo adenomatoso) que puede identificarse y extirparse antes de que se produzca la transformación maligna. Además, hoy disponemos de procedimientos de cribado que se pueden aplicar a la población general y que han demostrado ser eficaces en disminuir la mortalidad por este tumor.

Prevención primaria

La prevención primaria pretende actuar sobre los factores causales conocidos del CCR. Engloba medidas dietéticas, de hábitos de vida y farmacológicas. Se recomienda realizar ejercicio físico regular para prevenir la obesidad. Se debe aumentar el consumo de frutas, legumbres, verduras y hortalizas, y reducir el de carnes rojas. Respecto a las medidas farmacológicas, se han probado diversas sustancias, como aspirina y otros antiinflamatorios, estatinas, calcio, fibra y suplementos vitamínicos y hormonales, pero ninguna ha demostrado un beneficio concluyente.

Prevención secundaria

La prevención secundaria trata de identificar a los sujetos de riesgo de padecer un CCR y de detectar aquellas lesiones precursoras del tumor.

Los sujetos de alto riesgo son los que sufren una enfermedad inflamatoria intestinal (Colitis Ulcerosa y Enfermedad de Crohn, si bien últimamente parece que el riesgo en estas enfermedades es menor de lo que en principio se creía) o están diagnosticados de determinados síndromes polipósicos hereditarios (los más conocidos son la Poliposis Cólica Familiar y el síndrome de Lynch).

Los sujetos de riesgo intermedio son aquéllos que presentan familiares de primer grado diagnosticados de CCR o de pólipos “avanzados”. En ambos grupos de riesgo el procedimiento de elección como técnica de cribado es la colonoscopia. La edad de inicio de su realización y la frecuencia con la que ha de repetirse dependen del factor de riesgo existente.

Los individuos de bajo riesgo (también llamado riesgo poblacional) lo constituyen el resto de la población mayor de 50 años. Indiscutiblemente, supone el grupo más numeroso. En ellos, el método de cribado consiste en la determinación de sangre oculta en heces (SOH).

Gracias a su aplicación sistemática, la mortalidad por CCR se ha reducido en un 30% en los últimos años.

Pruebas en el Hospital Virgen de Guadalupe
En el Hospital Virgen de Guadalupe, el servicio de laboratorio realiza el estudio inmunoquímico de SOH. Asimismo, en la Unidad de Aparato Digestivo se practican colonoscopias a aquellos individuos con resultado positivo del test, y extirpación de los pólipos detectados en ellas. También realizan consejo y pruebas endoscópicas de seguimiento a los pacientes pertenecientes a los grupos de riesgo intermedio y alto.

 

 


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