Tiempos posmodernos
Víctor Gabriel Peguero

Llevo unos días hablando sobre el bitcoin con todo aquel que se cruza en mi camino. Supongo que más de uno pensará que la burbuja de la moneda virtual me ha atrapado. Y, quién sabe, podría ser. Pero el fenómeno no deja de ser apasionante.

Todo empezó un día, hace pocos meses, cuando leí en un foro de internet este mensaje de un usuario anónimo: “no volveréis a ver bitcoins a 6.000€. Es vuestra última oportunidad para sumaros al carro del bitcoin”. Si bien es verdad que el mensaje de un usuario anónimo en un foro no es precisamente lo que se conoce como fuente fiable, por alguna razón este comentario del que hablo sonó en mi mente como la voz de un oráculo. Será por visionarios en internet, ¿no?

La cuestión es que mucho antes ya me había estado informado, ligeramente, sobre el bitcoin. Resumiendo y simplificando mucho, bitcoin es una moneda digital descentralizada con la que se pueden hacer transacciones desde y a cualquier parte del mundo. Esto es así porque Bitcoin como tal es un programa de ordenador de código abierto cuyo algoritmo genera su propia moneda -la criptodivisa-, de una manera limitada -solo puede llegar a haber 21 millones de bitcoins- y registrada anónimamente en una base de datos -libro contable público- que contiene la información de todas las transacciones. Todo esto se empezó a gestar en 2008, justo al estallar la crisis en el sistema financiero.

El bitcoin encaja mucho mejor que un señor con traje y corbata vendiendo, no sé, acciones del Banco Popular

Hace una semana, cuando saqué el tema por primera vez mientras desayunaba con un amigo, el precio del bitcoin era de algo más de 8.000€. Parecía una burbuja a punto de explotar, pero por alguna razón sentía que el bitcoin -o algo similar- será un valor de referencia en el futuro cercano. Mientras escribo este artículo, su precio ya es de 12.700€. ¿Cuál será en este momento?

La discusión ahora mismo es si el bitcoin es una burbuja -evidentemente cualquier activo que se compra y se vende puede generar burbujas-, o si se trata realmente de casi un cambio de paradigma financiero.

Lo que sí está claro es que en un mundo donde lo virtual gana cada vez más peso a lo real, el bitcoin encaja mucho mejor que un señor con traje y corbata vendiendo, no sé, acciones del Banco Popular.


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