El último diente de leche
Víctor M. Jiménez

Alicia me dice que para escribir un poema tiene que llevar dos copas de más.
Dos copas de más son las marcas que quedan en el asfalto cuando se frena en el límite, y ahí es donde brotan sus versos.
Sus versos son endecasílabos mirados a través de una niebla espesa en una madrugada de diciembre.

Distingue en sus palabras el norte de todas las brújulas y ahora espera que me confiese seguidor de la doctrina.

-Si me tomo una de esas solo esbozaré disparates -le respondo.
Me mira con lástima (o con asco). Tal vez piensa que así nunca aportaré algo digno al anaquel de los inmortales.

He oído hablar de sus famosos banquetes de hongos (alucinógenos, por supuesto) para visitar a la Reina de Corazones.
Eso explicaría tantas maravillas en un solo país.


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