La bruja Circe /

Desde niños educados en el sistema de la culpa escondemos dentro un enemigo que no colabora con nosotros. Esa vocecita interior que lo único que hace es aflorar las cosas personales que no nos agradan, que nos echa en cara nuestras fallos y errores, que tiñe todo de un color fúnebre, que pone pegas, desanima, menosprecia… en fin, es nuestro reprochador particular.

Es cierto que a lo largo de la vida nos equivocamos más de una vez, ¿y qué?. Errar es tomar experiencias que, si bien nos dañan, también nos hacen más sabios. No permitamos que este enemigo ataque. Somos nosotros mismos quienes nos ponemos las zancadillas y quienes boicoteamos nuestra estabilidad emocional o nuestra relación o los logros personales. Si queremos ser felices tenemos que aprender a no estar castigándonos cada día y cada hora, por eso, desde hoy, pongamos una atención especial para empezar a tratarnos de otro modo, uno más amable, y además empezar a valorar con justicia nuestras cosas buenas, que todos las tenemos. No recordemos lo negativo con más intensidad y pujanza que lo positivo, a li que no le damos importancia. Esta es la culpa de una mala interpretación de la modestia y la humildad.

La verdadera humildad es, también, aceptar que somos buenos, generosos, amables, cuidadores de quienes nos necesitan, optimistas, detallistas, cariñosos, expertos en alguna materia, poseedores de cualidades, sociables, sencillos, nobles, etc. Y eso hay que medirlo con la misma vara que usamos para medir nuestros “defectos”.


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