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Antes y después de la tregua

La hipótesis de que durante la Navidad somos todos un poco más buenos, no deja de ser interesante aunque no sea tan cierta como dicen las campañas publicitarias. De tanto en tanto, los humanos necesitamos este tipo de terapias colectivas, similares a las que ayudan a dejar de fumar o a dormir mejor, lo cual revela un cierto grado de inteligencia, mejoradora del colectivo como tal, digna de agradecer. Pero no se hagan ustedes demasiadas ilusiones al respecto, una vez que la campaña haya cumplido su fin consumista principal todo volverá por sus fueros, sin contemplaciones. Aprovechemos, mientras tanto, los efectos benefactores de la música en la calle, las ventajas de la solidaridad, los bienes de la amistad aparente, las luces y las tramoyas, que ya llegará el tiempo del adviento. Incluso, si la lotería no les toca, no se agobien ustedes pues vendrán otros sorteos, otras ofertas a las que optar, cuando les sobren (o no) algunos euros. Al parecer, la palabra más usada durante el año que termina es la palabra “surrealista”. Lo ha dicho el resumen de una encuesta realizada por una entidad prestigiosa. Si se busca su significado en el diccionario, se encuentran como términos equivalentes, irracional o absurdo. Lo cual dice mucho de la imagen que los españoles tenemos de algunos hechos acaecidos en el año 2016. Porque claro, algo irracional supera, por principio, cualquier situación real y buscarle una explicación lógica es bastante imposible. Puede que la hipocresía sea uno de los símbolos de nuestra época, y otro, el pragmatismo a ultranza, y la apariencia, que aún siendo realidad virtual, es también realidad pero de otro modo. En los llamados actos sociales se nota a la perfección. Hoy sabemos que (prácticamente) son niños los únicos que dicen la verdad y nada más que la verdad, mientras que el resto de adultos nos esmeramos por ser lo más amables posible, sin declaraciones absolutas, ni defensas encarnizadas de nada, por aquello del convivir. O de la subsistencia… Y en una especie de auto redención evitamos recordar las afrentas. ¿Para qué? Es cierta la premisa de que la ira rebota y se vuelve hacia quien la padece, haciéndole daño en el estómago. Si alguna vez alguien se interesara por cómo consiguieron algunos seres humanos superar su propia estatura moral y las expectativas de los demás hacia ellos, conviene recordar el caso de Nelson Mandela. Cuando habiendo cumplido una pena carcelaria durante muchos años, sale de la cárcel y rearma la nación. ¿Cómo pudo perdonar y trabajar a favor de todos habiendo sido tan injustamente tratado?¿Por una mera cuestión de bondad personal?. Déjenme que imagine… Supongo que por su implícita superioridad, cribada una y otra vez en el sufrimiento psicológico y físico que deja limpios y visibles los aspectos fundamentales de cualquier situación. Supongo que por espíritu de supervivencia. Supongo que por dejar un legado. Supongo. Su ejemplo es extraordinario.

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