Carta al director

Una gran polémica se está generando en torno a la proyectada mina de litio en el paraje de Valdeflores, en pleno corazón de nuestra querida Montaña, y yo quisiera aportar aquí mi granito de arena en contra de esta explotación. Como profesional del turismo, tiendo a escoger la parte alta del casco antiguo de Cáceres —la plaza de las Veletas— para dirigir la atención de mis turistas hacia la magnífica vista de la Montaña, con el Santuario destacando blanco en su cima y el bosque de verdor que le rodea. No entraré en detalles acerca del valor ecológico y botánico de este evidente “pulmón verde” de Cáceres, puesto que recientes artículos escritos por expertos han sabido explicarlo mucho mejor que yo, pero sí suelo comentar que es la única “montaña” cercana a Cáceres, aunque en realidad se llame la Sierra de la Mosca. No en vano muchas cacereñas llevan el nombre de María de la Montaña. De hecho, el valor religioso del Santuario dedicado a la Virgen Patrona de Cáceres es lo que motivó que se prohibiera seguir construyendo a partir de comienzos de los 70, con lo que los chalets y casas que encontramos esparcidos por su entorno son previos a esa época. Si no se hubiera prohibido en tan temprana fecha, cuando comenzaba el frenético desarrollismo, la Montaña probablemente hubiera desaparecido tragada por un bosque de urbanizaciones. Intereses económicos no faltaban y no faltan, todo hay que decirlo, y más de una vez se sospechó de incendios intencionados para convertir en urbanizables los terrenos. Qué actual, en relación a los recientes incendios en Galicia.

Ahora entran en juego otros intereses económicos y, aunque sean legítimos, de diferente signo. La directora general de industria, energía y minas de la Junta de Extremadura defendió oscuramente la explotación del litio en el paraje de Valdeflores, en pleno corazón de la Montaña, vinculándola a los recientes coches eléctricos para turistas que circulan por el casco antiguo de Cáceres. Aunque la relación pueda parecer traída por los pelos —y, desde luego, esos coches eléctricos no se montan en Extremadura—, es cierto que el litio es actualmente uno de los componentes fundamentales en la fabricación de tales vehículos. Con lo cual resulta evidente porqué una empresa australiana, hábilmente camuflada bajo un nombre local y con el apoyo de la Junta de Extremadura, pretende explotar ávidamente esos recursos. El necesario beneficio económico en toda empresa privada se marida aquí bastante bien con las crecientes necesidades financieras por parte de la Junta de Extremadura. Ni qué decir tiene que una mina de esas características generaría pocos empleos durante algunos años y, una vez extinguido el mineral, dejaría un paisaje lunar a sus espaldas. Ya ha ocurrido en otros lugares, pues no olvidemos que los “países pobres” se especializan en el suministro de materias primas mientras que los “ricos” saben que el verdadero provecho económico estriba en el procesamiento de dichas materias y su transformación en componentes valiosos para el mercado. Parece que a Cáceres, y en general a Extremadura, le interesa mantenerse exclusivamente como suministrador de recursos naturales, tal y como ocurrió en tiempos pretéritos con la lana de la oveja merina y, en cierta medida en los actuales, con la madera y el corcho, los productos agrícolas y ganaderos, etc. Mal asunto esa mentalidad cortoplacista.

Mis turistas se extasían con la perspectiva a la Montaña desde la plaza de las Veletas, pero los cacereños, que la han visto tanto, tal vez no la aprecien en su verdadero valor, pues lo que siempre se ha tenido al lado ya no sorprende. El susto se lo pueden llevar de repente y cuando ya no haya remedio, puede que dentro de tres meses si no se reacciona a tiempo. Afortunadamente la población de Cáceres ha crecido en conciencia y en inteligencia durante los últimos años, por lo que el movimiento ciudadano que se está formando tiene sólidas bases que no son patrimonio exclusivo de ningún partido político. La Montaña podría convertirse en un recurso generador de riqueza para Cáceres y su entorno de una manera más amable con el medio ambiente y, sobre todo, más sostenible: si se convirtiese en un paraje natural protegido por alguna figura legal y si, en virtud de esto, se acondicionaran rutas senderistas y, en general, caminos que atravesaran “el monte” desde Cáceres hasta Sierra de Fuentes, con la ermita que también allí corona su cumbre. Uno de esos caminos pasa precisamente por la antigua mina de Valdeflores. Un espacio en suma para disfrute de niños y adultos que sin duda generaría empleo, aparte de atraer numerosos turistas nacionales y extranjeros. El casco histórico de Cáceres, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986, no debe ser lo único que vendamos; los alojamientos rurales, el turismo ornitológico, ecológico, deportivo y natural está claramente en auge.

Juan Pedro Rodríguez-Ledesma


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