1.300 empresas se han ido de Cataluña desde el 1-O. Una cantidad nada desdeñable si tenemos en cuenta que decía el vicepresidente Junqueras que “la economía catalana apenas se resentiría”. Empresas que abandonan la zona por la inseguridad jurídica. Posibilidades y conjeturas, sí, pero los mercados no perdonan la incertidumbre, y precisamente es lo que genera los anuncios a medias de independencia y las amenazas al margen de la legalidad que un día sí y otro también lanzan los líderes catalanes. De momento, ‘los Jordis’ pasan las noches entre rejas por un delito de desobediencia y desacato a la autoridad. No son presos políticos, por mucho que se empeñe el círculo independentista en dotar a la transgresión de tintes persecutorios y épicos. Los líderes de ANC y Òmnium han incumplido la ley a sabiendas y deben pagar por ello. Es así de simple. Tal y como ocurriría con cualquiera de nosotros. Algo distinto es lo del comisario mayor de los Mossos d´Esquadra Trapero, quien aún no ha ingresado en prisión por decisión de la jueza de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela. Curiosidades del ‘procés’ y de la justicia, porque parece que la responsabilidad de Trapero está más que demostrada durante el 1-O. Parece ser que la jueza se ha pronunciado sobre los acontecimientos previos al día del referéndum.

Sea como fuere, Puigdemont ni se reafirma ni se retracta, lo que ha llevado al Gobierno a pactar con Ciudadanos y PSOE la aplicación del artículo 155 y la convocatoria de elecciones anticipadas en Cataluña para el próximo mes de enero. Número, por cierto, que está causando furor en la Lotería de Navidad. 155 razones encontrarán PSC y PSOE para enfrentarse a cuenta del dichoso artículo, máxime con el anuncio de elecciones anticipadas. Ya se lo ha advertido Colau para que midan bien sus pasos y decidan con quién quieren estar. Nadar y guardar la ropa. De eso se tratará desde la aplicación del polémico artículo constitucional hasta las hipotéticas elecciones.

Cataluña se juega mucho en estos próximos días. Recomponer la convivencia o terminar de fracturarse. Tiempo para políticos de talla XXL, no para mercenarios lanzadores de consignas. La ideología y el partidismo son malos compañeros de viaje para las aguas que se aproximan después de la calma chicha. Veremos. Está en juego mucho más que una relación.


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